Lluvia que no lustra.

Extravagante

Poeta recién llegado
El sol golpea con tristeza el asfalto
y aunque llueve, levemente,
la ciudad respira, sucia.
El parque, con su verde marchito,
se convierte en un campo de desecho.
Cerca, los perros corren y orinan;
y las heces se quedan, inertes,
entre el césped donde nadie mira.

Los dueños, apurados,
pasan sin mirar al suelo.
Algunos caminan con la vista fija,
otros tienen los ojos pegados a la pantalla,
disimulando nerviosamente,
como si el mundo fuera solo suyo,
como si el suelo no hablara,
como si el aire no se llenara de olores ajenos.

Y para colmo, entre las aceras, el olor también supura,
aunque la lluvia sea constante.
Las huellas de perros 'olvidadas'
se secan y quedan pegadas,
como marcas en la conciencia
de quienes nunca miran atrás.

Nadie se detiene.
El parque es solo un espacio para el desahogo,
no para la reflexión.
Lo que queda, lo que sobra,
son pequeñas pruebas de nuestra prisa,
de la comodidad de ignorar.
El día sigue, y las heces siguen allí,
en el mismo lugar,
como si nada hubiera pasado.

El tráfico no entiende,
el sol no perdona,
la lluvia no termina de lustrar,
y el olvido se vuelve costumbre.
 
El sol golpea con tristeza el asfalto
y aunque llueve, levemente,
la ciudad respira, sucia.
El parque, con su verde marchito,
se convierte en un campo de desecho.
Cerca, los perros corren y orinan;
y las heces se quedan, inertes,
entre el césped donde nadie mira.

Los dueños, apurados,
pasan sin mirar al suelo.
Algunos caminan con la vista fija,
otros tienen los ojos pegados a la pantalla,
disimulando nerviosamente,
como si el mundo fuera solo suyo,
como si el suelo no hablara,
como si el aire no se llenara de olores ajenos.

Y para colmo, entre las aceras, el olor también supura,
aunque la lluvia sea constante.
Las huellas de perros 'olvidadas'
se secan y quedan pegadas,
como marcas en la conciencia
de quienes nunca miran atrás.

Nadie se detiene.
El parque es solo un espacio para el desahogo,
no para la reflexión.
Lo que queda, lo que sobra,
son pequeñas pruebas de nuestra prisa,
de la comodidad de ignorar.
El día sigue, y las heces siguen allí,
en el mismo lugar,
como si nada hubiera pasado.

El tráfico no entiende,
el sol no perdona,
la lluvia no termina de lustrar,
y el olvido se vuelve costumbre.
La tristeza y el olvido, estados, malestares y sensaciones del cuerpo, que nos debilitan.

Saludos
 
El sol golpea con tristeza el asfalto
y aunque llueve, levemente,
la ciudad respira, sucia.
El parque, con su verde marchito,
se convierte en un campo de desecho.
Cerca, los perros corren y orinan;
y las heces se quedan, inertes,
entre el césped donde nadie mira.

Los dueños, apurados,
pasan sin mirar al suelo.
Algunos caminan con la vista fija,
otros tienen los ojos pegados a la pantalla,
disimulando nerviosamente,
como si el mundo fuera solo suyo,
como si el suelo no hablara,
como si el aire no se llenara de olores ajenos.

Y para colmo, entre las aceras, el olor también supura,
aunque la lluvia sea constante.
Las huellas de perros 'olvidadas'
se secan y quedan pegadas,
como marcas en la conciencia
de quienes nunca miran atrás.

Nadie se detiene.
El parque es solo un espacio para el desahogo,
no para la reflexión.
Lo que queda, lo que sobra,
son pequeñas pruebas de nuestra prisa,
de la comodidad de ignorar.
El día sigue, y las heces siguen allí,
en el mismo lugar,
como si nada hubiera pasado.

El tráfico no entiende,
el sol no perdona,
la lluvia no termina de lustrar,
y el olvido se vuelve costumbre.

imaginate que ese parque sea un gran corazón humano, un gran corazón social, lleno de mierda, orina, heces... Bueno no hace falta tener mucha imaginación porque n realidad lo es. así es el humanismo y despues se la da de galán o bonito. Siempre hay que olvidar las cosas que nos joden es una excusa para no inmiscuirse, no comprometerse como dice el dragón que lo veo muy filosofico últimamente hahaha

abrazos.
 
imaginate que ese parque sea un gran corazón humano, un gran corazón social, lleno de mierda, orina, heces... Bueno no hace falta tener mucha imaginación porque n realidad lo es. así es el humanismo y despues se la da de galán o bonito. Siempre hay que olvidar las cosas que nos joden es una excusa para no inmiscuirse, no comprometerse como dice el dragón que lo veo muy filosofico últimamente hahaha

abrazos.
Es una porquería y lo seguirá siendo.
Lo más enervante de todo es que esos, que no mueven un dedo, son los que más se quejan.
Ya está escrito: 'siempre habla quien más tiene que callar'
Un abrazo, danie.
 

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