La brisa fría que la lluvia presagia,
el correr de la gente a mi alrededor
vendedores que apresurados mercancía levantan
vaticina que a lo lejos se ofrece
el lagrimear del cielo como salvación
.
El olor a tierra mojada
el vapor que la madre emana
un silencio disfrazado entre algarabía
y yo ahí, en medio de la calle desolada
me siento a esperar las gotas sagradas de vida.
Se humedecen mis ropas,
el frío comienza su embate;
a muchos parece un disparate
para mi, lavar el alma rota y sangrante
fuerte agonía que en mi existencia yace
Me siento en la acera
mientras, como saetas, gotas arremeten
en este cuerpo convertido en cárcel
y van limpiando las penas que cercenan
la existencia de este ser cuya soledad enloquece.
Pasa la lluvia
el lagrimear del cielo desvanece,
multicolores rebozan por doquier,
cantos de arrendajos y tejeros a lo lejos
y el bullicio de la gente inicia su estremecer.
Pasa la lluvia
y yo ahí sentado en la acera
resignado veo como aún prospera
la soledad que me enloquece
sin esperanza alguna que desaparezca.
Pasa la lluvia
pero aún mi interior se ahoga
con la pena, la soledad y la congoja
en medio del bullicio
de la nada que vivo a toda hora.
Sibelius
el correr de la gente a mi alrededor
vendedores que apresurados mercancía levantan
vaticina que a lo lejos se ofrece
el lagrimear del cielo como salvación
.
El olor a tierra mojada
el vapor que la madre emana
un silencio disfrazado entre algarabía
y yo ahí, en medio de la calle desolada
me siento a esperar las gotas sagradas de vida.
Se humedecen mis ropas,
el frío comienza su embate;
a muchos parece un disparate
para mi, lavar el alma rota y sangrante
fuerte agonía que en mi existencia yace
Me siento en la acera
mientras, como saetas, gotas arremeten
en este cuerpo convertido en cárcel
y van limpiando las penas que cercenan
la existencia de este ser cuya soledad enloquece.
Pasa la lluvia
el lagrimear del cielo desvanece,
multicolores rebozan por doquier,
cantos de arrendajos y tejeros a lo lejos
y el bullicio de la gente inicia su estremecer.
Pasa la lluvia
y yo ahí sentado en la acera
resignado veo como aún prospera
la soledad que me enloquece
sin esperanza alguna que desaparezca.
Pasa la lluvia
pero aún mi interior se ahoga
con la pena, la soledad y la congoja
en medio del bullicio
de la nada que vivo a toda hora.
Sibelius
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