Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Círculos concéntricos forma la lluvia en mi alma;
sus gotas son los renglones de un poema
que humedece las palabras que cubren mi lengua.
Golpetea los cristales de mis gafas,
despertando de sus ensueños, los oscuros
ventanales de mis ojos,
y lava sin mojarlos, los antiguos recuerdos
que un día fueron y que ya no son,
las Gaviotas que traían al marino las certezas
que le esperaban en tierra.
Allá suenan su repiqueteo constante
y la explosión acompasada que rompe sus espejos
en la dureza del suelo que la recibe.
Lluvia, savia del árbol frondoso que crece
en las inimaginadas tierras del cielo
y caen sobre el mundo, despertandolo a empujones.
Fina caricia que sumerge al poeta que nace del agua,
en el frío pero reconfortante tacto de lo real.
Húmedas esquirlas, que saltan de los fuegos
líquidos donde buscan los poetas las bellezas;
lluvia, feminidad que empapa las almas
que no temen su llegada detrás del viento;
que bailan al compás del repiqueteo constante
que acompaña las noches solitarias.
Musa acuática, lágrimas de ángeles
y eterna acompañante del poeta.
sus gotas son los renglones de un poema
que humedece las palabras que cubren mi lengua.
Golpetea los cristales de mis gafas,
despertando de sus ensueños, los oscuros
ventanales de mis ojos,
y lava sin mojarlos, los antiguos recuerdos
que un día fueron y que ya no son,
las Gaviotas que traían al marino las certezas
que le esperaban en tierra.
Allá suenan su repiqueteo constante
y la explosión acompasada que rompe sus espejos
en la dureza del suelo que la recibe.
Lluvia, savia del árbol frondoso que crece
en las inimaginadas tierras del cielo
y caen sobre el mundo, despertandolo a empujones.
Fina caricia que sumerge al poeta que nace del agua,
en el frío pero reconfortante tacto de lo real.
Húmedas esquirlas, que saltan de los fuegos
líquidos donde buscan los poetas las bellezas;
lluvia, feminidad que empapa las almas
que no temen su llegada detrás del viento;
que bailan al compás del repiqueteo constante
que acompaña las noches solitarias.
Musa acuática, lágrimas de ángeles
y eterna acompañante del poeta.