LLUVIA
Lluvia es el estado de mi alma,
lleno de aguas místicas
y juventud, de aguas claras,
donde veo tu desnudez.
Bello eres para siempre,
en mi absurda embriaguez
de tu presencia toda
que circunda mis paisajes,
mis voces vecinas,
los recuerdos, los pececillos
de tu oleaje incesante,
porque te convertiste en mar,
basilisco,
Eros.
Estatua con vida,
ser no dimensionable,
capturé tu preciosa imagen en mi espejo,
y en ella me reencuentro,
y hablo a esa juventud
de noche clara con luceros,
en tus cabellos ondulantes.
Me abriga la espuma
de tu veloz huída,
el martirio de esa pasión esquiva
y dada, y totalizante.
Me perdiste en tu abrazo,
y me tienes en la arena,
más allá de posesiones inconclusas,
tu beso es el sello,
de tu realidad en mi,
y el fuego de tus ojos,
el poder que me convoca a arder en unidad,
de tu rostro lejano, inexistente,
una paradoja,
la perfección de tus formas
inasibles, silentes,
que acarician con rayos
que me inmolan al sueño.
Lluvia es el estado de mi alma,
lleno de aguas místicas
y juventud, de aguas claras,
donde veo tu desnudez.
Bello eres para siempre,
en mi absurda embriaguez
de tu presencia toda
que circunda mis paisajes,
mis voces vecinas,
los recuerdos, los pececillos
de tu oleaje incesante,
porque te convertiste en mar,
basilisco,
Eros.
Estatua con vida,
ser no dimensionable,
capturé tu preciosa imagen en mi espejo,
y en ella me reencuentro,
y hablo a esa juventud
de noche clara con luceros,
en tus cabellos ondulantes.
Me abriga la espuma
de tu veloz huída,
el martirio de esa pasión esquiva
y dada, y totalizante.
Me perdiste en tu abrazo,
y me tienes en la arena,
más allá de posesiones inconclusas,
tu beso es el sello,
de tu realidad en mi,
y el fuego de tus ojos,
el poder que me convoca a arder en unidad,
de tu rostro lejano, inexistente,
una paradoja,
la perfección de tus formas
inasibles, silentes,
que acarician con rayos
que me inmolan al sueño.