
Lluvia
La lluvia se deleita empapando
lo impalpable, lo irreconocible,
puede ser tan ácida como
para carcomer todo lo blando.
Puede ser de la que corroe tanto
que hasta el hueso roe y al alma
corrompe, que se deposita en
ésta y la ahoga, y aunque patalee
y deje que le salga llanto,
no le basta para correr y aguardar
para ver escampar.
Cae esa lluvia que pellizca,
la que lacera al ser humano
que como lanza se clava porque
lava tanto que lo hace licuar su sangre.
®Carlos Andrés®