Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Lo adiviné en tus ojos
Siguiendo la vereda
de cedros flanqueada,
perfumes de azalea
me llevan a tu casa.
Te veo, de repente,
feliz en la ventana,
tus ojos no me mienten:
¡estás enamorada!
Me acerco hasta tu puerta
y llamo con la mano
mientras que tu respuesta
espero emocionado,
me llegan los rumores,
como ecos apagados,
de un grito que recorre
tu pecho ilusionado.
A contraluz el sol
recorta tu silueta
y obviando tu candor
tu ropa transparenta.
Ausente los sonrojos,
pronuncio las palabras
y un sentimiento hermoso
florece en nuestras almas.
Siguiendo la vereda
de cedros flanqueada,
perfumes de azalea
me llevan a tu casa.
Te veo, de repente,
feliz en la ventana,
tus ojos no me mienten:
¡estás enamorada!
Me acerco hasta tu puerta
y llamo con la mano
mientras que tu respuesta
espero emocionado,
me llegan los rumores,
como ecos apagados,
de un grito que recorre
tu pecho ilusionado.
A contraluz el sol
recorta tu silueta
y obviando tu candor
tu ropa transparenta.
Ausente los sonrojos,
pronuncio las palabras
y un sentimiento hermoso
florece en nuestras almas.