Ad Libitum
Poeta recién llegado
Correr una maratón hasta el final
sin importar si llegamos las últimas,
quemar la voz gritando en otro idioma,
tener vértigo y saltar de un avión en marcha,
cantar contra los que predican contra la alegría
en la piel de sus fachadas,
oler a hierba húmeda
y a tierra mojada,
escuchar el bautizo interminable
de un salto de agua a las rocas de su río,
ver una mariposa saliendo de su pupa,
salir también con ella,
coleccionar las hojas que caen de los árboles,
el eco que rebota en el corazón del bosque
del canto de sus pájaros
y esas sensaciones en el pecho
de los momentos en que la vida fue tan linda
que por primera vez nos pareció real.
Escarbar una zanja en la selva con los dedos
y escupir desde el vientre
todo lo malo en ella,
plantar las flores más hermosas
sobre las calaveras de nuestros enemigos,
descifrar una fábula sin príncipes
en el silbido azul de una ráfaga de viento,
recostar la cabeza sobre el pecho propio,
y escuchar con paciencia al corazón
cantándonos sus secretos en morse.
Respirar.
Dejarse mojar por la lluvia.
Y descubrir de pronto que lo conseguiste.
Que después del dolor
reaprendiste
a estar viva.
sin importar si llegamos las últimas,
quemar la voz gritando en otro idioma,
tener vértigo y saltar de un avión en marcha,
cantar contra los que predican contra la alegría
en la piel de sus fachadas,
oler a hierba húmeda
y a tierra mojada,
escuchar el bautizo interminable
de un salto de agua a las rocas de su río,
ver una mariposa saliendo de su pupa,
salir también con ella,
coleccionar las hojas que caen de los árboles,
el eco que rebota en el corazón del bosque
del canto de sus pájaros
y esas sensaciones en el pecho
de los momentos en que la vida fue tan linda
que por primera vez nos pareció real.
Escarbar una zanja en la selva con los dedos
y escupir desde el vientre
todo lo malo en ella,
plantar las flores más hermosas
sobre las calaveras de nuestros enemigos,
descifrar una fábula sin príncipes
en el silbido azul de una ráfaga de viento,
recostar la cabeza sobre el pecho propio,
y escuchar con paciencia al corazón
cantándonos sus secretos en morse.
Respirar.
Dejarse mojar por la lluvia.
Y descubrir de pronto que lo conseguiste.
Que después del dolor
reaprendiste
a estar viva.