Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Ni el mar ni la luna
esconden al confidente fiel
del sentimiento de la tierra
que gira y gira
para convencernos de
que vale la vida sentirla.
Un amor fortuito de
esos amores humanos
que intentan expresar lo indecible, mas
fenecen en el intento, pues
no comprenden la humanidad
de los versos plasmados
con la intención de
no morir.
Agradezco a los astros
y a la porción de Dios que habita en ellos
pues nos ilumina para parecernos a Él.
Gracias por el hálito que expandes sobre
nosotros que habitamos en tu Tierra:
el hálito que hincha las almas de
nuestros pechos, suspirando
por lo inexplicable.
¡No importa, mi Dios!
Gracias por regalarnos el Amor y
su galería de eventos que
nos permite seguir estando vivos.
Es ese amor del cual yo hablo
el inamible: el estertéreo
aquél capaz de crear lo creado por Ti;
es decir todo aquello que jamás
ha tenido nombre...
Gratitud, mi amor, hacia Dios
y ante los Hombres que inquieren
cada palabra que he sido capaz de
regalarte, pues sólo eso basta.
Este es mi legado: mi impronta inocua,
capaz de dar sentido a estas palabras
para anidar: no sé si para siempre
tu vientre en espera...
Pido disculpa
por no acudir a la rima, ni
al ritmo de las estrofas consuetudinarias, pero
me cansa la búsqueda: agota...
Más bien prefiero amarte así:
como el alfarero u orfebre
que exhibe la pieza ignota
más hermosa vista jamás
sobre anaquel alguno.
Lo siento, amor, pero
no te hablaré más de lo usual:
seguiré indagando
otras formas de amar
como aquéllas que tú me enseñas
mientras te sigo amando.
esconden al confidente fiel
del sentimiento de la tierra
que gira y gira
para convencernos de
que vale la vida sentirla.
Un amor fortuito de
esos amores humanos
que intentan expresar lo indecible, mas
fenecen en el intento, pues
no comprenden la humanidad
de los versos plasmados
con la intención de
no morir.
Agradezco a los astros
y a la porción de Dios que habita en ellos
pues nos ilumina para parecernos a Él.
Gracias por el hálito que expandes sobre
nosotros que habitamos en tu Tierra:
el hálito que hincha las almas de
nuestros pechos, suspirando
por lo inexplicable.
¡No importa, mi Dios!
Gracias por regalarnos el Amor y
su galería de eventos que
nos permite seguir estando vivos.
Es ese amor del cual yo hablo
el inamible: el estertéreo
aquél capaz de crear lo creado por Ti;
es decir todo aquello que jamás
ha tenido nombre...
Gratitud, mi amor, hacia Dios
y ante los Hombres que inquieren
cada palabra que he sido capaz de
regalarte, pues sólo eso basta.
Este es mi legado: mi impronta inocua,
capaz de dar sentido a estas palabras
para anidar: no sé si para siempre
tu vientre en espera...
Pido disculpa
por no acudir a la rima, ni
al ritmo de las estrofas consuetudinarias, pero
me cansa la búsqueda: agota...
Más bien prefiero amarte así:
como el alfarero u orfebre
que exhibe la pieza ignota
más hermosa vista jamás
sobre anaquel alguno.
Lo siento, amor, pero
no te hablaré más de lo usual:
seguiré indagando
otras formas de amar
como aquéllas que tú me enseñas
mientras te sigo amando.
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