josealgonz
Poeta recién llegado
Para un Día de los Enamorados
¿Qué cuánto te amo? Dime: ¿cómo medir podría
la gracia arrobadora de un crepúsculo en llamas
cuando el Sol moribundo se despide del día
en un calidoscopio de inexpresables gamas?
Y del albo lucero que saluda de lejos
al desvelado amante que entre sombras espera
en vano a su adorada ¿de sus bellos reflejos
su dimensión hallara quien medirla quisiera?
Y el rumor de las frondas en tardes estivales
cuando la brisa agita las cantarinas hojas
inundándote el alma de dichas ancestrales
¿cómo lo medirías si de hacerlo te antojas?
Y del placer de hallarte cuando el invierno llega
al abrigo del frío bajo el manto amoroso
de un cuerpo que te envuelve, que a tu calor se entrega,
¿cómo medir podrías su efecto voluptuoso?
Y la dulce nostalgia de una tarde lluviosa
cuando tras los cristales del ventanal que impide
que te moje la lluvia, sientes tú que otra cosa
humedece tus ojos, dime amor ¿cuánto mide?
¿Y el mar que nos arrulla? ¿Y la risa de un niño?
¿Y el temblor de un pañuelo desde un tren que se marcha?
¿Y los mil sacrificios que hacen fuerte al cariño?
¿Y el sol de la mañana derritiendo la escarcha?
¿Y todo lo sublime? ¿Y aquello que convierte
en gigante al que lucha porque triunfe la vida?
Y la fuerza terrible del dolor y la muerte
por el bien derrotadas ¿tiene acaso medida?
¿Por qué quieres entonces, con tu capricho extraño,
que de cosas absurdas en mis versos te hable?
No me pidas que exprese de mi amor el tamaño:
cual las cosas hermosas ¡es inconmensurable!
¿Qué cuánto te amo? Dime: ¿cómo medir podría
la gracia arrobadora de un crepúsculo en llamas
cuando el Sol moribundo se despide del día
en un calidoscopio de inexpresables gamas?
Y del albo lucero que saluda de lejos
al desvelado amante que entre sombras espera
en vano a su adorada ¿de sus bellos reflejos
su dimensión hallara quien medirla quisiera?
Y el rumor de las frondas en tardes estivales
cuando la brisa agita las cantarinas hojas
inundándote el alma de dichas ancestrales
¿cómo lo medirías si de hacerlo te antojas?
Y del placer de hallarte cuando el invierno llega
al abrigo del frío bajo el manto amoroso
de un cuerpo que te envuelve, que a tu calor se entrega,
¿cómo medir podrías su efecto voluptuoso?
Y la dulce nostalgia de una tarde lluviosa
cuando tras los cristales del ventanal que impide
que te moje la lluvia, sientes tú que otra cosa
humedece tus ojos, dime amor ¿cuánto mide?
¿Y el mar que nos arrulla? ¿Y la risa de un niño?
¿Y el temblor de un pañuelo desde un tren que se marcha?
¿Y los mil sacrificios que hacen fuerte al cariño?
¿Y el sol de la mañana derritiendo la escarcha?
¿Y todo lo sublime? ¿Y aquello que convierte
en gigante al que lucha porque triunfe la vida?
Y la fuerza terrible del dolor y la muerte
por el bien derrotadas ¿tiene acaso medida?
¿Por qué quieres entonces, con tu capricho extraño,
que de cosas absurdas en mis versos te hable?
No me pidas que exprese de mi amor el tamaño:
cual las cosas hermosas ¡es inconmensurable!