lo que el covid se llevó

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
por culpa de esa mierda del covid
y para frenar la curva de contagios
el puto gobierno tuvo la genial ocurrencia
de ordenar suspender la fabricación de cerveza
y cerrar los bares, cantinas y congales varios
de manera indefinida y bajo el argumento
de que consumir alcohol incita en las personas
el irrefrenable surgimiento de
un deseo profundo de dar y recibir covid
arrastrándolas en consecuencia fatalmente
a perder de vista e incluso negar
el enorme riesgo que conlleva
tanto la práctica del acto del covid como
el trasiego de fluidos corporales a que da lugar
la serie de toqueteos, sobamientos e inserciones digitales previas
a la consumación del covid genital

ahora yo sobrevivo sin cerveza y sin covid
y me paso los días encerrado en mi cuarto
escuchando canciones que me transportan
a los bellos tiempos en que mi vida
consistía basicamente en putear mi suerte, beber cerveza y buscar
mujeres comprensivas y voluntariosas que
me quisieran aflojar el covid sin tanta puta ceremonia
y a las que yo pudiera ofrecerles, en amorosa retribución
aparte de un par de sucios y despreciables billetes
un pedazo quizás de mi corazón rebosante de covid

¿qué mundo vendrá después de esta hecatombe?
¿cómo haremos para soportar el duro peso de existir
si ya no tenemos la esperanza de encontrar
a nuestro paso por el árido desierto de los años
un poco de covid que nos ayude a continuar?

¿y de qué sirvió habernos convertido casi en dioses
y haber llegado a los albores de lograr ser inmortales
si bastó con que apareciera un puto covidcito de nada
para ponernos a todos de culo y al borde del hoyo?

anoche cuando salí a echar una meada al corral
al dirigir la vista hacia lo alto y contemplar la oscuridad del cielo
tuve de pronto la impresión
-envuelto cómo me hallaba por el silencio y la negrura sobrenaturales de la noche-
de que bien hubiera podido no encontrarme ya en un lugar y una época instalados en el siglo 21
y de que nada me impedía imaginar, digamos
que pudiese haber retrocedido a la edad de piedra o algo así
y encontrar incluso razonable suponer
que el cuchitril en que habitaba fuese una caverna
-llegué incluso a visualizar la imagen de una peluda mujer neandertal
despatarrada al lado de las ascuas de una hoguera moribunda
y aguardando ansiosa el momento en que yo terminara de vaciar la vejiga
para volver luego a su lado y asestarle un par de garrotazos en el cráneo
como preludio amoroso a una tórrida sesión de covid anal-

y juro que por espacio de unos breves instantes
-allí parado bajo la infinita bóveda de las tinieblas celestiales-
sentí también tambalearse y casi llegar a colapsar
mi ateísmo y mi profundo asco
por todas las putas religiones y todos los putos dioses de mierda que han surgido
a través de los miles de años en que los antiguos hombres transcurrieron sus miserables vidas
cagados de espanto ante lo desconocido y sus manifestaciones

y juro también que después de sacudirme la chorra
y volver a colocarla en su lugar correspondiente
tomé mi contrito corazón simbólicamente entre mis manos
y elevé una sencilla plegaria hacia las insondables inmensidades del cosmos
que transcribo a continuación por si acaso alguno de mis amados lectores
requiriese de un poco de consuelo espiritual para fortalecer su ánimo en estos jodidos tiempos

¡oh, bendito covid todopoderoso y eterno,
yo te imploro aquí postrado al pie de mi humilde caverna
que erradiques esa maldita plaga destructora que has enviado para castigarnos
y que me devuelvas ya mi puta vida precovid de mierda
con todo y sus jodidos domingos aburridos de los cojones
y las benditas resacas de los lunes y la puta contaminación en las calles
amén!


luego volví al cuarto y me puse a oír por cienava vez las 20 mejores rolas de willy nelson





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