Lo que se ha ido no vuelve,
aunque el llanto lo reclame.
No consumamos la vida
persiguiendo lo inmutable.
Dejemos dormir la queja,
abracemos este instante,
pues la vida solo existe
mientras seamos su presente.
Todo agua sigue al río
sin detener su viaje;
ningún remanso consigue
retener su cauce errante.
La hoja que deja el árbol
no torna a la misma rama,
pero enriquece la tierra
donde otra vida se alza.
No hay victoria en el lamento
ni reposos en la queja;
solo quien suelta el ayer
abre al hoy, sus puertas de par en par.
Cada aurora nos concede
un tesoro inagotable:
el milagro de estar vivos,
de sentir y contemplarnos.
El ayer dejó su huella,
el mañana es solo aire;
el ahora es la morada
donde el alma se engrandece.
No preguntes a la vida
por aquello que perdiste;
pregúntale qué regalo
tiene hoy para ofrecerte.
Y si un día el sol se oculta,
no maldigas a la tarde;
mira cómo las estrellas
van naciendo a tu mirada.
Porque vivir es el canto
que jamás puede aplazarse;
cada instante es una llama
que no volverá a encenderse.
Lo que se ha ido no vuelve,
esa es la verdad más grande,
vivamos con gratitud,
pues vivir, ya es un milagro constante.
aunque el llanto lo reclame.
No consumamos la vida
persiguiendo lo inmutable.
Dejemos dormir la queja,
abracemos este instante,
pues la vida solo existe
mientras seamos su presente.
Todo agua sigue al río
sin detener su viaje;
ningún remanso consigue
retener su cauce errante.
La hoja que deja el árbol
no torna a la misma rama,
pero enriquece la tierra
donde otra vida se alza.
No hay victoria en el lamento
ni reposos en la queja;
solo quien suelta el ayer
abre al hoy, sus puertas de par en par.
Cada aurora nos concede
un tesoro inagotable:
el milagro de estar vivos,
de sentir y contemplarnos.
El ayer dejó su huella,
el mañana es solo aire;
el ahora es la morada
donde el alma se engrandece.
No preguntes a la vida
por aquello que perdiste;
pregúntale qué regalo
tiene hoy para ofrecerte.
Y si un día el sol se oculta,
no maldigas a la tarde;
mira cómo las estrellas
van naciendo a tu mirada.
Porque vivir es el canto
que jamás puede aplazarse;
cada instante es una llama
que no volverá a encenderse.
Lo que se ha ido no vuelve,
esa es la verdad más grande,
vivamos con gratitud,
pues vivir, ya es un milagro constante.