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Lo que vi en ti

Ricardo Alvarez

Poeta que considera el portal su segunda casa

Tu piel fina luce como de vicuña andina.​
Blanca y negra, destellando en la cordillera.​
La sensual pendiente de tu nariz​
cautiva media mirada del panorama.​
Perfil de mujer espartana, invita al roce y al fuego​
en el vértice de la hoguera de los deseos ocultos​
Tus pómulos destallan como senos de poma.​
Dan hambre y sed de curva, pómulos frondosos y​
salientes como la roca lustrada que besaban las magas ancestrales​
Tu boca insinúa un clamor, una ecuación no razonable,​
un puente extendido sobre el precipicio​
entre dos cerros labiales y carnosos,​
más hermosos que una plegaria de credo.​
Una diminuta línea de grieta despierta imaginaria,​
la música de la sinfónica obertura gótica,​
esa línea semeja la Biblia de los besos en cópula.​
En el gris brillante, casi de bronce y marfil,​
se distingue la ecuatorial vertical de luz que aguijonea las hormonas, y​
de tus cejas resbala una Venus terrenal y deseada.​
Tu frente tiene una luz diáfana, algo de santidad bella,​
mas bella y de diosa que lo venerable, y​
tu pelo enhebrado, como tejido de una Penélope en espera,​
cuaja una amalgama exacta con tu frente.​

El rocío imaginario de la uva,​
alambica tu enjambre​
de mujer- madre. Hembra y abuela.​
¡ Magnetismo innato y puro. Nada fingido. Oro puro ¡​
Tu boca tiene dibujo de sirena con rastros de herida placentera.​
Se me ocurre que el rojo fuerte nace y se alimenta en tus carnes labiales.​
Tu mirada nada entre el tulipán enardecido y negro​
Y la rosa cálida sin espinas. Solo rosa y pétalo.​
Esa flor en el pecho, tan hermosa como el horizonte que cubre,​
donde se adivinan picos anhelantes,​
explayados en la alfombra translúcida y de seda,​
de tu pecho de sabana y llanura extendida que​
despierta el ansia de acostarse.​
Parece un campo límpido, puro y sin neblinas,​
con ciertos trotes de ecuestre Amazona.​
Prado donde arrojar saetas de besos abiertos y​
echar los labios al viento, sin hora de regreso.​
Te ves como recostada en la ola de la espuma perfumada,​
donde he visto salir tu costilla transparente,​
costilla de Eva sobre tu pecho resbaladizo.​
Se vislumbran tus senos alpinos como de albur nevado,​
con dos uvas erectas asomando en cada pico.​
Sumergí mis fantasías de nido libido,​
en el volumen ciego de tu figura sin tiempo.​
¡ Déjame volar tu horizonte amplio de galaxia fémina ¡​
Soplando mi aire sensual y mi jauría erótica​
¡ No puedo calmar el huracán que provoca tu imagen ¡​
Aunque durmiese recostado en la cama de las angustias, y​
la punta del anzuelo por mis conductos doloridos,​
sobre la cama de los espasmos y​
el cuerpo convulsionado.​
Con los ojos teñidos de licor, y un Freud sádico como Marques.​
Dentro de mi perversa cabeza y de hélice convulsionada,​
con un hueso anclado en la boca de mi cuello estrafalario.​
¡ De lo que vi en ti ¡​
Mujer de ultramar, donde viajar un plácido turismo afrodisíaco​
Haría un trato bélico con mis hormonas,​
entre el espanto y la testosterona​
¡ Callad instintos bajos ¡
Esta mujer es de marquesina.​
Aquí está, sólo para admirar su belleza integra.​
 

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