Osmara Cantero
Poeta adicto al portal
Siento tus palabras, hiriendo las distancias
se me escapan los sentidos, para imaginar tu voz
desmedida agonía, entre tantas discrepancias
que atomentan tu alma, repitiendo un adiós
Amacijo inmutable, de penurias guardadas
temores apocalípticos, horadando tu mente
silencio indecifrable, de pláticas olvidadas
y esta actitud tan extraña, que condena tu suerte
Se me agrietan las manos, que buscan sostenerte
para aliviar tu caida, hacia abismos desolados
más me gana el cansancio, sin lograr detenerte
ya no logro alcanzarte, mis brazos están cansados
Harapos de ilusiones, que flajelan tu existencia
despojos de alegría, que alucinan desencantos
te despeñas ante mí, nada puede mi presencia
y por encontrar la dicha, sólo, alcanzas quebrantos
Merecías el paraiso, pero escojiste el infierno
pudiste ser adorada, y hoy vas mendigando amores
fuiste la reina del sol, convirtiendolo en invierno
tenías un gran amor, y hoy solo quedan rencores
Quizas vuelva algún día, cuando ya no duelas tanto
tranquilo y sereno, sin reproches, sin alardes
para mitigar tus penas, y para calmar tu llanto
pero amor, no, no lo pidas, porque ya será tarde
se me escapan los sentidos, para imaginar tu voz
desmedida agonía, entre tantas discrepancias
que atomentan tu alma, repitiendo un adiós
Amacijo inmutable, de penurias guardadas
temores apocalípticos, horadando tu mente
silencio indecifrable, de pláticas olvidadas
y esta actitud tan extraña, que condena tu suerte
Se me agrietan las manos, que buscan sostenerte
para aliviar tu caida, hacia abismos desolados
más me gana el cansancio, sin lograr detenerte
ya no logro alcanzarte, mis brazos están cansados
Harapos de ilusiones, que flajelan tu existencia
despojos de alegría, que alucinan desencantos
te despeñas ante mí, nada puede mi presencia
y por encontrar la dicha, sólo, alcanzas quebrantos
Merecías el paraiso, pero escojiste el infierno
pudiste ser adorada, y hoy vas mendigando amores
fuiste la reina del sol, convirtiendolo en invierno
tenías un gran amor, y hoy solo quedan rencores
Quizas vuelva algún día, cuando ya no duelas tanto
tranquilo y sereno, sin reproches, sin alardes
para mitigar tus penas, y para calmar tu llanto
pero amor, no, no lo pidas, porque ya será tarde
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