Ahora ya no juego a imaginarte,
ni te busco por las calles
ni me despierto por las noches
oiendo el sonido de las llaves,
ni me sobresalto con la ilusión
de que sean tus pasos
los que se aproximan a la puerta
de mi cuarto.
Ahora ya no juego a encontrarte,
ni vago por nuestros vacios,
ni me giro en la cama.
Ahora ya no puedo olvidarte,
porqué ni tan siquiera alcanzo
a recordarte.
Hay una extraña y densa calma
en la lentitud del ocaso.
Una luz metálica
que hiere, que hace daño.
La unica muerte que vale
es la que no deja nada.
ni te busco por las calles
ni me despierto por las noches
oiendo el sonido de las llaves,
ni me sobresalto con la ilusión
de que sean tus pasos
los que se aproximan a la puerta
de mi cuarto.
Ahora ya no juego a encontrarte,
ni vago por nuestros vacios,
ni me giro en la cama.
Ahora ya no puedo olvidarte,
porqué ni tan siquiera alcanzo
a recordarte.
Hay una extraña y densa calma
en la lentitud del ocaso.
Una luz metálica
que hiere, que hace daño.
La unica muerte que vale
es la que no deja nada.