Eran momentos de luna nueva
días de algodón, noches de imán
de los más dulces y azules.
El tiempo tenía esa manera de acercarnos
esa única manera
de enceguecernos y unirnos transparentes
bajo la diáfana luz de luna.
En mis manos nacía el sol y la aventura
de ocultar mis labios en senderos de tu piel
despertaban ardientes, sedientos
de tu alma y corazón, y por las noches
pintando al amor yo recitaba
la canción que nos recorría el cuerpo
sin temor... de volar al final.
Había perlas en tus ojos
terciopelo en tus miradas
eran suaves y morenos, grandes
intensos, latiendo y diciéndome
que bien conocían, a las aves
que con pasión aturdían, invadiendo
fantasías y estrellas, de nuestras locas
carreras de amor.
días de algodón, noches de imán
de los más dulces y azules.
El tiempo tenía esa manera de acercarnos
esa única manera
de enceguecernos y unirnos transparentes
bajo la diáfana luz de luna.
En mis manos nacía el sol y la aventura
de ocultar mis labios en senderos de tu piel
despertaban ardientes, sedientos
de tu alma y corazón, y por las noches
pintando al amor yo recitaba
la canción que nos recorría el cuerpo
sin temor... de volar al final.
Había perlas en tus ojos
terciopelo en tus miradas
eran suaves y morenos, grandes
intensos, latiendo y diciéndome
que bien conocían, a las aves
que con pasión aturdían, invadiendo
fantasías y estrellas, de nuestras locas
carreras de amor.