MARIO CUADROS
Intento de poeta
Dices que estoy loco,
siendo la locura del juicio la privación,
tal trastorno no es más que la cordura mal interpretada
o la realidad individual en la que mi mente basa su razón.
Si aceptara mi locura,
diría que la locura es la exaltación plausible del ánimo,
y, aun así, me dirías loco y yo sin balbucear protesta alguna,
entraría en la camisa de fuerza que me genera tu desdén cándido.
Dices que estoy loco,
sólo por querer darte mis ojos cuando me dijiste que no conocías la ternura.
Si hubieras aceptado y te hubieras mirado, tal vez ya no sería tan loco,
o mejor, sería loco, pero tú conocerías la razón de esa locura.
Si aceptara mi locura,
diría que la locura es la exaltación plausible del ánimo,
y también, la exaltación de todas mis virtudes,
y, aun así, me dirías loco, y yo con el juicio privado de toda lucidez,
seguiría predicando en mis necedades tu doliente amor paupérrimo.
siendo la locura del juicio la privación,
tal trastorno no es más que la cordura mal interpretada
o la realidad individual en la que mi mente basa su razón.
Si aceptara mi locura,
diría que la locura es la exaltación plausible del ánimo,
y, aun así, me dirías loco y yo sin balbucear protesta alguna,
entraría en la camisa de fuerza que me genera tu desdén cándido.
Dices que estoy loco,
sólo por querer darte mis ojos cuando me dijiste que no conocías la ternura.
Si hubieras aceptado y te hubieras mirado, tal vez ya no sería tan loco,
o mejor, sería loco, pero tú conocerías la razón de esa locura.
Si aceptara mi locura,
diría que la locura es la exaltación plausible del ánimo,
y también, la exaltación de todas mis virtudes,
y, aun así, me dirías loco, y yo con el juicio privado de toda lucidez,
seguiría predicando en mis necedades tu doliente amor paupérrimo.