cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hola amor, qué tal cariño se dijeron
al encontrarse en un poema, escrito
con gran pasión.
Soy la sangre dijo el amor, de éstas letras,
cuya cosmovisión, enlaza esa cadena del
ADN, en la herencia genética de lo que soy.
En mi asombro está la duda, de una
interrogante no generada en mis
coordenadas equidistantes de mis neuronas;
dio como respuesta el cariño.
Sin duda es la esfinge desnuda quien perdura
en tu imaginación, de un sinónimo encuentro
en las flores marchitas en tus libros de ayer:
¿Me escuchas amor?
Estoy consciente de tu volátil espuma, tus
delgadas y delicadas palabras, rendijas de luz,
rebotando espigas en el espejo donde ya no
te ves, y sí lo haces cariño, tomas el riesgo de
ser tan sólo, una línea en la oscuridad.
Eres llama inexistente en una vela apagada, cuyo
pabilo está de luto, dentro de una tristeza sonriente
de tus cosas fútiles, en la desmemoria de media
noche, sin horas, en un amanecer sin mañana, total:
Eres nada cariño.
Amor, ya perdiste mi cariño, es tu desencanto las
márgenes de un ayer, sí volviera a brillar esa estrella
en el corazón de aquella flor, te haría lágrimas de
cristal, para no verte llorar.
Cariño, ya murió mi amor, quizás nuestro próximo
encuentro sea en el río, cuyas aguas desembocan
en dulces cataratas de tu voz, y el misticismo; quizás
encontremos la verdad de la inexistencia material,
de la vida, mientras perduremos como: cariño y amor
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