José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tras el despertar de la mañana
los aullidos de mi alma hambrienta
de novedades en la atalaya de tu divina
coraza, se bambolea como el viento
cuando sacude al árbol milagroso
de la diosa del amor en calma.
Te busca, te desea
por los bosques de tu cuerpo
con el éxtasis esperando
que amanezcan las voluptuosas montañas
que ponen frontera a tu deseo
con tu erguida cabeza.
Esas corrientes de flujos que sacuden mi corazón
como un arpa te deleita
con su música celestial
iluminan mi rostro, deseoso
de tener tus glamurosos labios
de fresa, en contacto con los flujos
del interior de mi boca.
Mi lengua se enreda en la tuya
por la acequia qué inunda tu oquedad
de satisfacción y pureza
una corriente sensitiva de divinidad
te envuelve
y tu mente enloquece de pura pasión.
Chorrean los manantiales
de tu cuerpo por las cataratas
de tu sensibilidad encubierta.
Esos momentos de efluvios
son el amanecer más ardiente deseado,
ni siquiera las auroras boreales
ni tu cuerpo danzando con sibilina destreza,
ni la Gioconda me hace tan feliz.
Cuando el sol despierta estando a tu lado
celebrando un canto de amor
incrustado en tu costado
y mi bajo vientre te desea
con la pureza del aire
que acaricia las ondas de tu pubis.