Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa

Colgando los recuerdos de un amor marchito,
te dejo mis tristezas en tu pecho amigo,
volcando aquel pasado dentro de mi inscrito,
degusto la esperanza de volver conmigo.
Ahí quedarán en el perchero del olvido,
con su sabor ocre de lágrima de otoño,
rueda alegórica que gira sin sentido.
¡Quimera dulce que carezca de retoño!
Sintiendo con mordaz y solitaria angustia,
la tenue vida de mi triste alma que sufre,
veo brillar el sol con la blancura mustia,
percibiendo la muerte con peste de azufre.
No encuentro la sonrisa fútil sin dolores,
camino lento esperando ese tibio encuentro,
bienestar a mi corazón de sinsabores,
con anhelo, alejando al horrísono espectro
que me aniquila con cadenas muy pesadas,
y se aferra a mi como tenaz sanguijuela,
roe las horas de alegría antes llevadas,
uniéndome a la soledad que hacia mi vuela.
Y seguiré prudente con cordel de plata,
sujetando los tiempos que matan el alma,
que con crueldad detienen mi amargura ingrata,
para encontrar contigo paz y algo de calma.
Ya no deseo ser la sombra indefinida,
en pedestal de mármol rictus de cincel,
cuyo oblongo volumen el iris olvida
rozar con su tersura, pues no sabe a miel.
Quiero ya disipar tanto y tanto dolor,
tomar completamente el control de mi ser,
a mi rostro de cera regrese el color
oyendo tu apacible y tierno parecer.
!Oh amiga! ¡Cuánta falta me hacen tus abrazos!,
tu diligencia, cruz enhiesta ya a la espera,
bien dispuesta al auxilio ante mis yerros crasos
que con porfía me abalanzan a tu vera.
que con porfía me abalanzan a tu vera.
El remanso de tu exhorto bien temperado,
con los sollozos exhalados por lealtad,
son el bálsamo, sea bebido o untado,
que necesito para mi felicidad.
TARDE GRIS
Rigel Amenofis
TARDE GRIS
Rigel Amenofis
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