[center:7199d76f30][La grácil doncella Abril Gómez se halla recluida en el castillo del Conde
Guifred Estruch, en Llers, Corona de Aragón. El Conde Estruch exige su derecho de pernada sobre la joven, hija de campesinos, pero por algún extraño motivo jamás se le ve en su corte hasta el anochecer. Durante las horas de sol Abril solloza en su ventana, creyéndose condenada a este fatal destino, y repudiando a su verdadero amor. Este no es otro que un joven soñador, compositor de versos, el abigarrado Vicente Márquez. Vicente sabe de la condición diabólica del Conde y justo antes del crepúsculo insta a la huída a su amada, una última vez.]
ABRIL:
¿Quién me reclama en esta ominosa hora?
Nadie hallo que llore mi fatal suerte
Aúlla la noche con cantos de muerte
¿Y en verdad no esta quien mi alma añora?
VICENTE:
Aquel a quien dejaste sin corazón
Ese que te juró su amor eterno
Viene a buscarte, Abril, a este infierno
Vuestra mortuoria y macabra prisión.
ABRIL:
En el final de mis días veo a mi amado
Y sírvase a parar esta locura
De mi espíritu vacío y enterrado.
Nada perdiste en esta casa oscura
Apártate, te digo, de mi lado
Escapa ahora raudo y con premura.
VICENTE:
¿No dice tu boca misma te quiero?
Blanca ninfa con quien mi espíritu mora
Lánguida y pálida cual una fría aurora
Vos, el sustento por el cual yo muero.
De la gélida tumba es vuestro señor
No hay vida es sus venas que compartir
Ahora, amada mía, es momento de huir
Mientras que el sol todavía nos dispense calor.
ABRIL:
Aun una cosa te falta por conocer
Unida me hallo en santo matrimonio
Marcado está mi destino de mujer.
VICENTE:
Tal conde no es hombre sino demonio
Muchos versos me quedan por componer
Lejos de esta lápida de circonio.
ABRIL:
Bien sabes que que te quiero es muy cierto
Mis lágrimas cubrirán el vasto mar
¡Ay! No, mi premisa nunca será amar
Sino acudir al capricho de un no-muerto.
En leche enjuaga mi desnuda piel
Para que así mantenga siempre mi frescura
En cama me procura mordedura
Y lento me bebe como a dulce miel.
VICENTE:
¡Basta ya de este grotesco tormento!
Ver tu angustia me arranca la vida
Se me escapa en un fúnebre momento.
Cerraré, amor, tu profunda herida
Aunque por ello fenezca en el intento
De mi melancólica furia suicida.
ABRIL:
Déjalo ya, sellado está el muro
Oh, poeta mío en tristes versos fecundo
Venga pronto conmigo al otro mundo
El recuerdo de este amor tan puro.
VICENTE:
Si no aceptas mi paupérrima oferta
Me hundiré esta cimitarra de plata
La expresión de mi pobre alma me delata
Sabe que es preferible que esté muerta.
ABRIL:
¡Qué espanto contemplan mis verdes ojos!
Ya no importa que rasure mis venas
Acabaré de golpe con mis penas
Y que el cielo coja nuestros despojos.
[El cuerpo sin vida de Abril cae desde su torre sobre el cadáver de su amante poeta. Esa misma noche los lobos del Conde Estruch se dieron un gran festín a costa de las últimas víctimas de su amo.]
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Guifred Estruch, en Llers, Corona de Aragón. El Conde Estruch exige su derecho de pernada sobre la joven, hija de campesinos, pero por algún extraño motivo jamás se le ve en su corte hasta el anochecer. Durante las horas de sol Abril solloza en su ventana, creyéndose condenada a este fatal destino, y repudiando a su verdadero amor. Este no es otro que un joven soñador, compositor de versos, el abigarrado Vicente Márquez. Vicente sabe de la condición diabólica del Conde y justo antes del crepúsculo insta a la huída a su amada, una última vez.]
ABRIL:
¿Quién me reclama en esta ominosa hora?
Nadie hallo que llore mi fatal suerte
Aúlla la noche con cantos de muerte
¿Y en verdad no esta quien mi alma añora?
VICENTE:
Aquel a quien dejaste sin corazón
Ese que te juró su amor eterno
Viene a buscarte, Abril, a este infierno
Vuestra mortuoria y macabra prisión.
ABRIL:
En el final de mis días veo a mi amado
Y sírvase a parar esta locura
De mi espíritu vacío y enterrado.
Nada perdiste en esta casa oscura
Apártate, te digo, de mi lado
Escapa ahora raudo y con premura.
VICENTE:
¿No dice tu boca misma te quiero?
Blanca ninfa con quien mi espíritu mora
Lánguida y pálida cual una fría aurora
Vos, el sustento por el cual yo muero.
De la gélida tumba es vuestro señor
No hay vida es sus venas que compartir
Ahora, amada mía, es momento de huir
Mientras que el sol todavía nos dispense calor.
ABRIL:
Aun una cosa te falta por conocer
Unida me hallo en santo matrimonio
Marcado está mi destino de mujer.
VICENTE:
Tal conde no es hombre sino demonio
Muchos versos me quedan por componer
Lejos de esta lápida de circonio.
ABRIL:
Bien sabes que que te quiero es muy cierto
Mis lágrimas cubrirán el vasto mar
¡Ay! No, mi premisa nunca será amar
Sino acudir al capricho de un no-muerto.
En leche enjuaga mi desnuda piel
Para que así mantenga siempre mi frescura
En cama me procura mordedura
Y lento me bebe como a dulce miel.
VICENTE:
¡Basta ya de este grotesco tormento!
Ver tu angustia me arranca la vida
Se me escapa en un fúnebre momento.
Cerraré, amor, tu profunda herida
Aunque por ello fenezca en el intento
De mi melancólica furia suicida.
ABRIL:
Déjalo ya, sellado está el muro
Oh, poeta mío en tristes versos fecundo
Venga pronto conmigo al otro mundo
El recuerdo de este amor tan puro.
VICENTE:
Si no aceptas mi paupérrima oferta
Me hundiré esta cimitarra de plata
La expresión de mi pobre alma me delata
Sabe que es preferible que esté muerta.
ABRIL:
¡Qué espanto contemplan mis verdes ojos!
Ya no importa que rasure mis venas
Acabaré de golpe con mis penas
Y que el cielo coja nuestros despojos.
[El cuerpo sin vida de Abril cae desde su torre sobre el cadáver de su amante poeta. Esa misma noche los lobos del Conde Estruch se dieron un gran festín a costa de las últimas víctimas de su amo.]