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Los amantes de Teruel

José Luis Burgos

Poeta recién llegado
Muchas son las versiones que sobre esta mezcla de historia y leyenda del amor eterno, existen. Esta es la mía

Los amantes de Teruel

I​
Largo ha, que en estos lugares​
en Aragón por más señas​
junto al río Guadalaviar
el corazón de la Iberia,​
cobijo de tantos pueblos
que ni la historia recuerda,​
terciando ya el primer tercio​
de la decimotercera​
centuria que Jesucristo​
hasta nosotros viniera.
En la ciudad de Teruel​
de caballeros repleta​
acontecieron los hechos​
que concluyen la tragedia​
más grande que en tantos siglos
un trovador compusiera​

Viejo Teruel, otrora en estos cielos
quiso el amor colocar su semilla
no es de extrañar que en esta maravilla
loen los hombres, reparar sus desvelos

II
Eran tiempos complicados​
las tres culturas vivían​
Isabel y Juan nacieron​
en tan buena compañía,​
los dos niños compartiendo
tantos juegos y alegrías​
que podían entenderse​
sus vidas cual melodías​
de las que suenan acordes​
todas las horas del día,
más con el tiempo, crecieron,​
son las cosas de la vida​
y creciendo descubrieron​
el amor que les unía​
un amor fuera de duda
un amor que percibían​
en cada uno de sus poros​
como eterna poesía,​
de raíces tan profundas​
que ni la misma Afrodita
hubiéralo sostenido
con más divina energía.​
La ocasión ya lo requiere​
ha llegado ya ese día
en la casa de Isabel
pedir la mano, tenía​
tan solo un inconveniente​
principal, que le impedía​
alcanzar ese momento​
en que culminar su dicha.
el mismo que le reprocha​
el padre de la elegida​


Careces por segundo de presentes
que es mucha la porfía que pretendes
es hora que concretes si defiendes
tal ambición con arras suficientes.

III
Privado se halla de hacienda​
pero su amor bien le avala​
su decisión se comprende,​
pues un compromiso alcanza.
A partir de aquel momento​
con cinco años le basta​
para conseguir fortuna​
y desposar a su amada.​
Así se marcha gallardo
hacia el campo de batalla.​
Isabel se queda sola,​
con una triste mirada​
sometida a los apremios​
para que se desposara
del señor de Albarracin​
señor don Pedro de Azagra.​
Pero es grande su nobleza​
y cumple con su palabra​
esperando cinco años
sin que su amor regresara.​
Transcurrido ya ese plazo​
imposible que guardara​
pues su padre es quien conviene​
con el mentado de Azagra.

Finiquitada la tregua establecida

no pudieron los hados mantenerte
de Albarracín Señora, sin quererte
te viste para siempre en esta vida

IV​
Al otro día regresa
curtido de mil batallas​
pues luchando contra el moro​
dejó su estima bien alta,​
repleto el pecho de honores​
y la bolsa bien colmada
se encuentra con Isabel​
que es una mujer casada.​
Su mundo se tambalea​
se ha quedado sin palabras,​
por sus entrañas recorre
como el golpe de una espada​
un dolor tan angustioso​
mezcla de impotencia y rabia​
que le deja sin sentido​
que le deja el alma helada,
pero Juan es tan valiente​
que se sobrepone y habla:​

- Mi pasión, Isabel, con solo un beso

liberas al cautivo, mas la herida
ha surcos tan profundos que en la vida
dejarán de brotar, aquí confieso

- No dudes de mi amor, que es bien expreso
cual fue la condición de tu partida.
En tanto dilataste tu venida
que hoy dueña de otro soy, y eso es exceso.

Valiera este dolor, si liberase
de eterno sin vivir al penitente,
no siendo así, permita que traspase

las puertas de Teruel certeramente
el rayo que fulmine a quien amase
con tan excelso don, aquí presente.

V​
Al siguiente se despide​
al insigne caballero,​
y ya las gentes farfullan​
las causas de tal deceso.
Su cadáver se dispone​
sobre catafalco entero​
tal y como bien merecen​
los restos de un hombre bueno.​
Isabel que se perturba
viendo como el predilecto​
por su amor ha fenecido,​
solo por negarle un beso,​
hasta el altar se aproxima​
envuelta entre lutos negros
decidida a regalarle​
lo que le negó viviendo​
y cuando sus labios roza,​
en el contacto primero​
tan desmedido es su amor
tan desmedido y sincero​
que es imposible saber​
y vanidad pretenderlo​
solo es cierto que por tal​
también Isabel fue al cielo.

Amantes de Teruel, si tiempo hubiere,

en él habéis de hallar buen aposento
supisteis mantener vuestro lamento
podrá el tiempo pasar cuanto quisiere.
 
Una hermosa, más que triste, hermosa historia de amor que nada ni nadie pudo vencer, la conoci gracias a ti.
Ha sido además de grato, un conocimiento pasar a leerte.
Bendiciones. Pili
 

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