Solaribus
Poeta veterano en el portal
Este cielo arañado apenas por las luces,
que en la mañana era maizal maduro de esperanza
y en la tarde es esta aljaba repleta de besos no dados,
no cuenta que hoy te he abrazado
como en un vals de azul melancolía.
Has tejido tu cuerpo para posarlo entre mis manos
como una transparente paloma de septiembre,
como una rosa que se vuelca sobre el cerco.
Tan exquisita, tan blanca, tan inmortal de belleza
que la luna, que se anticipa en la tarde,
ha salido sólo para iluminarse de tus pétalos.
Hoy te he apretado fuerte entre mis brazos
y me has tenido entre los tuyos, suave,
jugando a componer la semifusa más perfecta,
aferrada al pentagrama de las sábanas,
del gemido tenue, de la caricia tenaz y de las lágrimas.
para poder abarcar eternamente tu carne
y quedarme en tu alma de niña para siempre.
He regado de sudor tu pechos de amapola;
comí ese polen, dulcísimos estambres de miel,
éxtasis del campo en primavera.
Bebiste de mi piel cuanto has deseado:
mi pasado de madera resinosa,
ámbar que corre presuroso en la corteza,
pero que nace desde el fondo del dolor,
medular necesidad de los sentidos....
Luego te he soltado y me has soltado
en medio de unas nubes maldecidas
por la soledad y el abandono.
...
Eres, soy, somos entre la gente
ángeles disfrazados luego de estar juntos.
Testigos de la luz que se va diluyendo
entre las sombras de lo que no es posible derrumbar.
Hasta que el cielo brille nuevamente
en tus manos de nácar
y el amor verdadero reaparezca vestido de tus ojos.
......
La tristeza se mezcla con las gracias
y el gozo de haberte encontrado, aunque sea así,
en medio de la tarde de la vida,
a medio del verde y de la muerte.
que la luna, que se anticipa en la tarde,
ha salido sólo para iluminarse de tus pétalos.
Hoy te he apretado fuerte entre mis brazos
y me has tenido entre los tuyos, suave,
jugando a componer la semifusa más perfecta,
aferrada al pentagrama de las sábanas,
del gemido tenue, de la caricia tenaz y de las lágrimas.
para poder abarcar eternamente tu carne
y quedarme en tu alma de niña para siempre.
He regado de sudor tu pechos de amapola;
comí ese polen, dulcísimos estambres de miel,
éxtasis del campo en primavera.
Bebiste de mi piel cuanto has deseado:
mi pasado de madera resinosa,
ámbar que corre presuroso en la corteza,
pero que nace desde el fondo del dolor,
medular necesidad de los sentidos....
Luego te he soltado y me has soltado
en medio de unas nubes maldecidas
por la soledad y el abandono.
...
Eres, soy, somos entre la gente
ángeles disfrazados luego de estar juntos.
Testigos de la luz que se va diluyendo
entre las sombras de lo que no es posible derrumbar.
Hasta que el cielo brille nuevamente
en tus manos de nácar
y el amor verdadero reaparezca vestido de tus ojos.
......
La tristeza se mezcla con las gracias
y el gozo de haberte encontrado, aunque sea así,
en medio de la tarde de la vida,
a medio del verde y de la muerte.
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