María Eugenia, querida mía. No siempre mis aguas fueron claras. He pasado por turbulencias, por tormentas y hasta por el fango. Así es la vida. Pero alguna razón que va más allá del entendimiento, me llevó con tu persona a poner lo mejor de mí. Darte lo mejor que tengo. Y de todo lo bueno que puedo darte, están estos puñados de palabras que no hace mucho empecé a escribir.
Encontrarás poemas, si estás revisando nuestra corta pero intensa historia, que (pido a la Vida sea larga, siga siendo intensa y fructífera) no han sido escritos con alegría, sino con dolor. Con nostalgia... y a punto de caer en esa melancolía que parece ser condición necesaria para quien escribe poesía. Yo no quiero eso ni para mí ni para nosotros. Y si me nombro primero es porque nadie puede darle al otro lo que no tiene para sí mismo.
¿Ves? Ambos transitamos senderos similares, llenos de piedras, obstáculos y dolor. Y aquí nos encontramos. Quizás para poder restañar las heridas.
Un beso, mi caricia, corazón.
Luis