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Poeta recién llegado
-Los años me pesan.- Siempre decía esto mi bisabuela que con 93 años de edad, se notaba la existencia de lucida conciencia y una miraba en sus ojos que se volvió eterna a través del tiempo, quizá su cuerpo envejezca pero cautiva una mirada de niña y en su sonrisa fácilmente se lee estoy viva a pesar de todo todavía le quedan cosas que hacer, pasos que dar y gente por conocer, en este mundo.
-Yo me voy a morir y vos te vas a acordar de mí- siempre me lo decía y yo siempre le creía. Quizá, no sé, ella no se había acostumbrado a la adversidad de un mundo moderno y los problemas que esto acarrea, el mundo cambio y ella quizá quedo en el ayer.
Al visitarla, el tiempo parecía detenerse al ingresar a su casa, te adsorbía en un aura de pausa, que daba lugar a esa sensación de objetos estáticos en los estantes y nada más que el sonido de tu voz en su habitación, fácilmente te asistía el sentimiento de estar aislado del mundo. El silencio entre las paredes y el eco del pensamiento de mi bisabuela al ver viejas fotos de sus nietos, que ahora, de su niñez solo quedan recuerdos y una que otra fotografía, en esos muebles o colgadas en las paredes. Siempre me daba gracia hablar con ella, me sacaba una sonrisa siempre que me iba a visitarla; ella agradecía mi presencia por hacerle los mandados y tareas del hogar, a la mañana y a ella por ser inspiración y dame cuenta de la gema de edad y joven cuerpo; y del largo camino que tengo por andar.
-Yo me voy a morir y vos te vas a acordar de mí- siempre me lo decía y yo siempre le creía. Quizá, no sé, ella no se había acostumbrado a la adversidad de un mundo moderno y los problemas que esto acarrea, el mundo cambio y ella quizá quedo en el ayer.
Al visitarla, el tiempo parecía detenerse al ingresar a su casa, te adsorbía en un aura de pausa, que daba lugar a esa sensación de objetos estáticos en los estantes y nada más que el sonido de tu voz en su habitación, fácilmente te asistía el sentimiento de estar aislado del mundo. El silencio entre las paredes y el eco del pensamiento de mi bisabuela al ver viejas fotos de sus nietos, que ahora, de su niñez solo quedan recuerdos y una que otra fotografía, en esos muebles o colgadas en las paredes. Siempre me daba gracia hablar con ella, me sacaba una sonrisa siempre que me iba a visitarla; ella agradecía mi presencia por hacerle los mandados y tareas del hogar, a la mañana y a ella por ser inspiración y dame cuenta de la gema de edad y joven cuerpo; y del largo camino que tengo por andar.