De los frondosos bosques de aquel reino maldito dicen las lenguas vulgares que se pasea - en noches de luna llena - el espectro apesadumbrado de una mujer. Muerta a manos de su iracundo esposo. Quien con manos férreas la estranguló hasta la muerte. No sin antes ella aguijonear su odiosa mirada gris sobre la faz del embrutecido hombre. Ahora nadie se atreve a entrar en tales parajes de una naturaleza teñida de herrumbrosa mortandad e infinita pesadumbre. Por miedo a ser alcanzado por la maldición que pesa sobre toda la comarca. De día pasan sin embargo los carros llevados por gordas mulas. Mientras que cuando el sol se tiñe de negro ébano, una aura de pesada losa sepulcral pesa sobre los árboles cargados de suspiros demoníacos. Quien penetra en tal antro embrujado vuelve desvariando. Entre mil lenguas hablando hasta que de sus sesos explota la copiosa lluvia de sangre que lo vuelve demente.