Childe Harold
Poeta recién llegado
Los ciegos de amor
Los ciegos de amor corren bajo la lluvia.
No ven. Observan con los sentidos.
Son sensibles a la luz
o a cualquier melodía romántica,
prefieren la oscuridad.
Supuran heridas antiguas, invisibles.
La miseria es su compañera,
es el lecho donde desfallecen y se tumban.
Por las noches salen de sus tumbas;
pálidos, con los ojos rojos,
con lágrimas secas que surcan sus rostros.
No sienten el frío, pues están congelados
ardiendo con brasas eternas el alma.
Por fuera sólo se ve el hielo.
Sus caras no dicen nada, son neutras.
La tristeza les ha curtido la piel
y la alegría les ha desbordado la esencia.
Parecen un híbrido entre espectro y humano.
¡No saben que son!
No son lo mismo que solían ser,
¡eso sí lo saben!
Los ciegos de amor no respiran con normalidad.
Sus alientos están siempre agitados, como corriendo.
Se escapan de la humanidad, corren.
No viven en este tiempo ni en este lugar.
Sus moradas son los sueños.
Ellos sueñan, viven soñando.
Corren junto a los sueños.
La muerte baila un tierno vals
con sus moribundos cuerpos.
Los ciegos de amor no lo ven, pero mueren...
Mueren juntos. De dos en dos.
Entrelazados. Besándose mutuamente;
aunque el otro labio sea tan sólo
el vacío irreversible de la soledad.
Los ciegos de amor corren bajo la lluvia.
No ven. Observan con los sentidos.
Son sensibles a la luz
o a cualquier melodía romántica,
prefieren la oscuridad.
Supuran heridas antiguas, invisibles.
La miseria es su compañera,
es el lecho donde desfallecen y se tumban.
Por las noches salen de sus tumbas;
pálidos, con los ojos rojos,
con lágrimas secas que surcan sus rostros.
No sienten el frío, pues están congelados
ardiendo con brasas eternas el alma.
Por fuera sólo se ve el hielo.
Sus caras no dicen nada, son neutras.
La tristeza les ha curtido la piel
y la alegría les ha desbordado la esencia.
Parecen un híbrido entre espectro y humano.
¡No saben que son!
No son lo mismo que solían ser,
¡eso sí lo saben!
Los ciegos de amor no respiran con normalidad.
Sus alientos están siempre agitados, como corriendo.
Se escapan de la humanidad, corren.
No viven en este tiempo ni en este lugar.
Sus moradas son los sueños.
Ellos sueñan, viven soñando.
Corren junto a los sueños.
La muerte baila un tierno vals
con sus moribundos cuerpos.
Los ciegos de amor no lo ven, pero mueren...
Mueren juntos. De dos en dos.
Entrelazados. Besándose mutuamente;
aunque el otro labio sea tan sólo
el vacío irreversible de la soledad.