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Los ciervos elegidos

Raamses

Poeta asiduo al portal
I (La voz del conocimiento terrenal)

¿Para qué hablarte, para qué quererte?
tu sola presencia desborda esporas contaminantes,
lo siento si tú tienes que lidiar con tus propios esfínteres,
ni se te ocurra voltear tus sucios ojos a mi templo paradisiaco.

Entiéndelo ahora, mi olor es mejor;
entre los dos no hay manera de compararnos,
yo nací cuando lo inmortal muto en lo carnal
y tú observaste la luz cuando escapaste de algún ano.

"Todos tenemos una luz interior que nos hace especiales" se cree,
pero eso es invisible cuando las muecas son de asco.

No temas, ellos son la luz que adormece
sus dientes son de algodón y sus mejillas invencibles,
negarte a aceptarlos es cómo acallar al lívido encadenado
porque tú los odiarás hasta que seas uno de ellos.




II (Los anhelos de los desposeídos)

Sus orines deben contener el secreto de la juventud eterna,
me comeré sus uñas viejas para que germine en mí uno de sus miembros
¡porque soy tan horrible! lo que llevo por dentro sólo son vísceras
lo lejos que estoy de su perfecta sombra es mi piel jodiendome;
la campaña de la moda en el aire si te presiona es por tu anatomía desechable,
y cuando no hayan razones para la simetría será un placer deformar al ser.

Bisturí justo allí, confeccionen rápido lo que avergüenza
quiero ser lo hermoso que camina, lo que a todos produce ceguera,
desborden los tejidos con sobredosis de dulce mescalina:
mi sonrisa tiene efectos alucinógenos
y con mis nuevas piernas soy más alto que el cielo.

"La belleza está en los ojos de cada quién", dicen
pero ni siquiera podrás verla si tus ojos no son de color arcoíris.

Apunten lo que apena, apunten lo que apena,
inserten nuevo orgullo, inserten nuevo orgullo,
nieguen su naturaleza, nieguen su naturaleza,
si no portas divinidad no te aceptaremos.




III (La moraleja de las apariencias)

Nadie necesita ropa cuando es el mesías
líder que liberará a la fealdad de todos los hogares,
sus seguidores osan tocarlo pero no logran sentir
son demasiados grotescos aún para ser dignos de ese placer.

Ven entonces a mí, libertador de las moscas
tienes un cuerpo en blanco esperando ser domesticado,
tu saliva me volverá un diamante en bruto
podré entonces caminar aliviado de que me miren otros.

Viva la apertura de la producción en masa,
los nuevos modelos relucen con dobles caderas,
mi cirujano grita que sí y mi espejo está de acuerdo,
tengo un cuerpo de cuarzo y mi sangre es una fuente de perfume.

 

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