Los ciervos y la guerra

Fingal

Poeta adicto al portal
Los ciervos y la guerra

Marchan los ciervos a la guerra:
los mansos, los enfermos, los cautivos;
los que doblan el firmamento en sus rodillas;
los que no comprenden el deshielo,
el abismo rojo del amanecer,
la inmensidad de la pregunta.

Marchan los sabios, los intrusos, los impíos;
los que se visten cada noche de azalea
y esconden su reflejo en el océano;
los que sostienen su bramido como un ruego a los ancianos.

Marchan los ciervos a la guerra,
solos,
graves,
lentos,
como relojes de mercurio,
como la verdad en un campo de reliquias,
como el crepúsculo tendido junto a los esclavos.

Marchan los ciervos
con sus mantos de madreselva y liquen,
con la carne agrietada,
las cabezas erguidas como lápidas.

Han comido la mandrágora,
han desprendido el himen de la niña,
se han pintado los ojos
de cal y miedo.

Y marchan a la guerra,
la guerra que descendió de las montañas
cuando la luz se contempló a sí misma,
cuando se desmembraron los oficios,
cuando los jueces repartieron
la voz, la culpa y la venganza.

La guerra madre de la guerra,
madre del cuervo,
madre del lobo;
la guerra que coloca uno a uno
los dientes de los tiburones blancos;
la guerra que escribe todos nuestros nombres
en cuevas de granito.
 
Si los ciervos necesitan un estratega me avisan. Tengo conocidos en el club de leones.

Dejando la chacotada de lado...
Toda guerra es una obra de teatro donde el escritor rara vez o nunca actúa.

Muy diferentes son las retaliaciones, las venganzas, los crímenes pasionales.

En una guerra se matan desconocidos por asuntos que no se entienden pero inflaman el pecho.
Es fácil lanzar una guerra desde los sentimientos exacerbados.
No en balde el carácter de masa de la guerra por cuanto el entendimiento común reduce el entendimiento personal.

Los teje y maneje de intereses foráneos a menudo incendian pugnas mínimas.
Y claro, no faltan los imprescindibles voceros del rumor y la exageración.

Es raro que a pesar de que un evento netamente militar, sin civiles, sea que hayan cientos o miles de bajas, las mismas se detallan y registran en frías estadísticas.
Mientras en eventos con civiles, quedan por fuera muchos eventos reales, y asoman más eventos convenientes.

Es difícil para un civil entender la humanidad de un militar. Así también a un militar, se le hace complejo entender los cambiantes razonamientos de un civil.

Es complicado usar zapatos ajenos.
 
Última edición:
Si los ciervos necesitan un estratega me avisan. Tengo conocidos en el club de leones.

Dejando la chacotada de lado...
Toda guerra es una obra de teatro donde el escritor rara vez o nunca actúa.

Muy diferentes son las retaliaciones, las venganzas, los crímenes pasionales.

En una guerra se matan desconocidos por asuntos que no se entienden pero inflaman el pecho.
Es fácil lanzar una guerra desde los sentimientos exacerbados.
No en balde el carácter de masa de la guerra por cuanto el entendimiento común reduce el entendimiento personal.

Los teje y maneje de intereses foráneos a menudo incendian pugnas mínimas.
Y claro, no faltan los imprescindibles voceros del rumor y la exageración.

Es raro que a pesar de que un evento netamente militar, sin civiles, sea que hayan cientos o miles de bajas, las mismas se detallan y registran en frías estadísticas.
Mientras en eventos con civiles, quedan por fuera muchos eventos reales, y asoman más eventos convenientes.

Es difícil para un civil entender la humanidad de un militar. Así también a un militar, se le hace complejo entender los cambiantes razonamientos de un civil.

Es complicado usar zapatos ajenos.
Y los que inventaron la bomba atómica fueron científicos al servicio de la guerra. No hay que olvidarlo.
Y los militares hacen la guerra y los políticos la declaran.
Un abrazo.
Miguel
 
Última edición:
Los ciervos y la guerra

Marchan los ciervos a la guerra:
los mansos, los enfermos, los cautivos;
los que doblan el firmamento en sus rodillas;
los que no comprenden el deshielo,
el abismo rojo del amanecer,
la inmensidad de la pregunta.

Marchan los sabios, los intrusos, los impíos;
los que se visten cada noche de azalea
y esconden su reflejo en el océano;
los que sostienen su bramido como un ruego a los ancianos.

Marchan los ciervos a la guerra,
solos,
graves,
lentos,
como relojes de mercurio,
como la verdad en un campo de reliquias,
como el crepúsculo tendido junto a los esclavos.

Marchan los ciervos
con sus mantos de madreselva y liquen,
con la carne agrietada,
las cabezas erguidas como lápidas.

Han comido la mandrágora,
han desprendido el himen de la niña,
se han pintado los ojos
de cal y miedo.

Y marchan a la guerra,
la guerra que descendió de las montañas
cuando la luz se contempló a sí misma,
cuando se desmembraron los oficios,
cuando los jueces repartieron
la voz, la culpa y la venganza.

La guerra madre de la guerra,
madre del cuervo,
madre del lobo;
la guerra que coloca uno a uno
los dientes de los tiburones blancos;
la guerra que escribe todos nuestros nombres
en cuevas de granito.

Un tema con mucho hilo que nadie podría concebir; claro en su sano juicio. Las guerras nunca sirvieron para mierda… pero siempre se arman; por un simple tema de expandirse, conquistar o incluso acabar con un ideal.

Un poema muy bien escrito… con algunas imágenes muy buenas.


Abrazos.
 

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