sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los corazones del bien,
se volvían de amor
en el escalón del
paraíso del Edén.
Sus besos
eran de agua dulce,
sus labios
estaban pintados
de miel.
Sus tiempos
son sus reflejos
cuando les decías venid
sin preguntar el porqué.
Su mascara
estaba representada con flores,
sus venas
se abrían en su piel
su amor quedaba en
el aire
cuando llamabas al bien.
La ternura que tenían
los gestos de un
latido parecido
a la música de un violín,
cuando se ponía
su cara en mis ojos
y el amor
era la mirada
de un pulso
romántico
que sentía
hacía mí.
Su rostro tenía forma
de un clavel
cuando este era
de caramelo
y su néctar
sentía su vivo retrato
al fundirse en su piel.
Me sorprendía
que su nombre
no se partiera
entre los rayos
de una nube
enamorada
que le decía espérame.
El ardor que tenía
fue porque los corazones
se arrodillaban
ante
un mundo
que chocó
ante mi voz,
para decirle,
que cuando me mirara
dijera
que su brisa,
es el alma de
los corazones,
cuando estos
vuelven a amanecer
entre el roce
del querer,
para nunca olvidar
el nombre
de su
vivo renacer.
se volvían de amor
en el escalón del
paraíso del Edén.
Sus besos
eran de agua dulce,
sus labios
estaban pintados
de miel.
Sus tiempos
son sus reflejos
cuando les decías venid
sin preguntar el porqué.
Su mascara
estaba representada con flores,
sus venas
se abrían en su piel
su amor quedaba en
el aire
cuando llamabas al bien.
La ternura que tenían
los gestos de un
latido parecido
a la música de un violín,
cuando se ponía
su cara en mis ojos
y el amor
era la mirada
de un pulso
romántico
que sentía
hacía mí.
Su rostro tenía forma
de un clavel
cuando este era
de caramelo
y su néctar
sentía su vivo retrato
al fundirse en su piel.
Me sorprendía
que su nombre
no se partiera
entre los rayos
de una nube
enamorada
que le decía espérame.
El ardor que tenía
fue porque los corazones
se arrodillaban
ante
un mundo
que chocó
ante mi voz,
para decirle,
que cuando me mirara
dijera
que su brisa,
es el alma de
los corazones,
cuando estos
vuelven a amanecer
entre el roce
del querer,
para nunca olvidar
el nombre
de su
vivo renacer.
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