Maroc
Alberto
Iba una tarde paseando por el parque tranquilamente cuando de pronto me fije en un banco de madera, sobre el banco pegado a la tierra había tres cuadernos; uno con la tapa amarilla, otro con la tapa azul y otro sin tapas, junto a estos se encontraban algunas agendas con fechas de distintos años, que si 2009, que si 2017, eran tres en total, la suerte que tuve es que cada cuaderno y cada agenda tenían escrito con rotulador negro un numero en su primera página, el cuaderno con la pasta amarilla llevaba el numero uno, con bastante curiosidad los metí en mi pequeño macuto de diez litros y me los lleve para casa, una vez allí comencé a leerlos con ganas, me fue fácil adivinar el orden del texto por el numero escrito a rotulador con lo que comencé por el cuaderno amarillo, para mi sorpresa en las agendas no había anotaciones sobre citas con el médico, asuntos de trabajo, o planes a realizar; se trataba de un relato digamos autobiográfico, pero a medida que fui avanzando en mi lectura encontré muchos nombres de personas, algunas conocidas y otras completamente anónimas, para mis adentros pienso que Lucas no quiso sólo plasmar sus vivencias, tristes o alegres, sus peripecias o sus aventuras, lo que realmente quiso es hacer un homenaje a una generación que, por suerte o por desgracia, ya va quedando en el olvido.
Estas letras que bien pudiéramos llamar memorias están escritas en primera persona, por ese motivo así las he querido transcribir, jamás conocí a Lucas más que por las palabras en el papel, nunca supe quien era o fue, seguramente un ser humano más perdido en el anonimato de la gran urbe.
Lo que contenían aquellos cuadernos y aquellas agendas no estaba divido en capítulos; era un escrito sin separación alguna, sólo los números sobre las páginas me dieron una idea de como escribir este relato y de cual era su verdadero orden cronológico, la división en partes es cosa mía, ahora mismo no recuerdo en cuantas partes lo separé, para averiguar eso tendréis que ir leyendo vosotros mismos.
Estas letras que bien pudiéramos llamar memorias están escritas en primera persona, por ese motivo así las he querido transcribir, jamás conocí a Lucas más que por las palabras en el papel, nunca supe quien era o fue, seguramente un ser humano más perdido en el anonimato de la gran urbe.
Lo que contenían aquellos cuadernos y aquellas agendas no estaba divido en capítulos; era un escrito sin separación alguna, sólo los números sobre las páginas me dieron una idea de como escribir este relato y de cual era su verdadero orden cronológico, la división en partes es cosa mía, ahora mismo no recuerdo en cuantas partes lo separé, para averiguar eso tendréis que ir leyendo vosotros mismos.
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