Anne_
I killed Bukowski.
La vida es una miseria.
Yo soy la brisa ida de los mares mudos,
yo soy las curvas opacas de las montañas oblicuas,
la voz oscura de las aves marginadas
y todos los diamantes de jabón
que expelen mis iris inversos
los lunes por la mañana; mi padre solía decir
que la realidad es una sola
y que Jesucristo nos va a salvar a todos,
yo estuve ahí cuando decía eso,
vi como se movían sus labios,
y como sus manos surcaban el viento
con cada golpe sobre mis costillas, sobre mi rostro,
yo estuve ahí, resaltándome la espina en el espejo,
carbonizando los tendones de mis dedos
para asirme del filo de la mesa y emerger una vez más.
Ahora cada martes
me acuerdo de no sentarme con las piernas juntas,
de no resplandecer sobre las caras de los demás,
y me veo nadando en los reflejos de las ollas,
de los sartenes, intento guardarme
para cuando me vuelva totalmente loca,
jodidamente loca,
ya de por si tengo tendencia a los unicornios,
a las blusas con frases vacías,
a las largas horas bajo el mar,
a las cucarachas lollipop,
a las antorchas ciegas,
a rodearme con los brazos cuando la lluvia me abraza
y me voy convirtiendo en las fauces del olvido,
en el olvido de los exilios,
me sentaba en la ventana
tratando de reconocer a mis amigos en las nubes,
la verdad es que jamás tuve amigos,
y esas no eran nubes,
eran mis sueños desterrados,
era la niebla incógnita,
el querer la mano de mi madre
mientras me lavaban el estómago.
He luchado contra los gaviromanos,
sacudí los eneros y quemé los diciembres,
ahora que soy la brisa ida de los mares mudos,
entiendo que la vida es una miseria,
es una carga horrible y maquiavélica,
ahora que soy las curvas opacas de las montañas oblicuas,
entiendo los acoples de Slowdive,
que la vida es una pérdida de tiempo,
que la vida no vale la pena,
que la vida no es buena,
que la vida es un juego cruel
para un dios que pudo habernos creado allá
y ahorrarnos escribir poemas,
reparar neumáticos, lavar las ollas,
peinarse, defender derechos,
hacer caligrafía,
encontrar tu sabor de helado favorito,
seguir los sueños, estafar gente,
robar tv’s, no usar preservativos,
hablar de Jhon. F. Kennedy,
despertar,
poner a hervir agua, comer un huevo,
renovar la tarjeta de crédito,
tener hijos,
morir.
Ahora que soy la brisa ida de los mares mudos,
entiendo que la vida es una miseria,
que la vida… Que la vida soy yo.
Yo soy la brisa ida de los mares mudos,
yo soy las curvas opacas de las montañas oblicuas,
la voz oscura de las aves marginadas
y todos los diamantes de jabón
que expelen mis iris inversos
los lunes por la mañana; mi padre solía decir
que la realidad es una sola
y que Jesucristo nos va a salvar a todos,
yo estuve ahí cuando decía eso,
vi como se movían sus labios,
y como sus manos surcaban el viento
con cada golpe sobre mis costillas, sobre mi rostro,
yo estuve ahí, resaltándome la espina en el espejo,
carbonizando los tendones de mis dedos
para asirme del filo de la mesa y emerger una vez más.
Ahora cada martes
me acuerdo de no sentarme con las piernas juntas,
de no resplandecer sobre las caras de los demás,
y me veo nadando en los reflejos de las ollas,
de los sartenes, intento guardarme
para cuando me vuelva totalmente loca,
jodidamente loca,
ya de por si tengo tendencia a los unicornios,
a las blusas con frases vacías,
a las largas horas bajo el mar,
a las cucarachas lollipop,
a las antorchas ciegas,
a rodearme con los brazos cuando la lluvia me abraza
y me voy convirtiendo en las fauces del olvido,
en el olvido de los exilios,
me sentaba en la ventana
tratando de reconocer a mis amigos en las nubes,
la verdad es que jamás tuve amigos,
y esas no eran nubes,
eran mis sueños desterrados,
era la niebla incógnita,
el querer la mano de mi madre
mientras me lavaban el estómago.
He luchado contra los gaviromanos,
sacudí los eneros y quemé los diciembres,
ahora que soy la brisa ida de los mares mudos,
entiendo que la vida es una miseria,
es una carga horrible y maquiavélica,
ahora que soy las curvas opacas de las montañas oblicuas,
entiendo los acoples de Slowdive,
que la vida es una pérdida de tiempo,
que la vida no vale la pena,
que la vida no es buena,
que la vida es un juego cruel
para un dios que pudo habernos creado allá
y ahorrarnos escribir poemas,
reparar neumáticos, lavar las ollas,
peinarse, defender derechos,
hacer caligrafía,
encontrar tu sabor de helado favorito,
seguir los sueños, estafar gente,
robar tv’s, no usar preservativos,
hablar de Jhon. F. Kennedy,
despertar,
poner a hervir agua, comer un huevo,
renovar la tarjeta de crédito,
tener hijos,
morir.
Ahora que soy la brisa ida de los mares mudos,
entiendo que la vida es una miseria,
que la vida… Que la vida soy yo.