Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Los dos viejitos
Mujer, los hombres no te asedian;
tus carnes antes magras
voluptuosas se llenan.
Más yo te miro bella
como...como...
¡como sea!
que a estas alturas del partido
a ganar ya no aspiro
tan solo a estar presente
y ver como la gente
a tu paso se inclina
por guardarte el respeto
que tus canas obligan.
Ahora sí, ahora
somos tan diferentes
a tanta juventud
que nos circunda
que son como aves vocingleras
que a veces nos aturden
y a veces nos dan risa.
Ya no tenemos prisa, pero ahí vamos
como dos corderitos tomados de las manos
directo al matadero;
ya casi como hermanos
los dos viejitos; tosiendo,
los miembros arrastrando
¡pero aún respirando!
y te escucho decir:''¡hey,
ya no las mires tanto
que tienen las edades de tus hijas!
¡eres un rabo verde!''
(¿celosa, aún celosa?, ¡me dá risa!)
Mujer, los hombres no te asedian;
tus carnes antes magras
voluptuosas se llenan.
Más yo te miro bella
como...como...
¡como sea!
que a estas alturas del partido
a ganar ya no aspiro
tan solo a estar presente
y ver como la gente
a tu paso se inclina
por guardarte el respeto
que tus canas obligan.
Ahora sí, ahora
somos tan diferentes
a tanta juventud
que nos circunda
que son como aves vocingleras
que a veces nos aturden
y a veces nos dan risa.
Ya no tenemos prisa, pero ahí vamos
como dos corderitos tomados de las manos
directo al matadero;
ya casi como hermanos
los dos viejitos; tosiendo,
los miembros arrastrando
¡pero aún respirando!
y te escucho decir:''¡hey,
ya no las mires tanto
que tienen las edades de tus hijas!
¡eres un rabo verde!''
(¿celosa, aún celosa?, ¡me dá risa!)
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