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¡Qué bellas son las calles cuando están desprovistas de los pasos humanos! ¡Qué oscuras y regocijantes! Adoro caminar cuando las sombras me cobijan.
Es como una regresión al vientre materno cuando todo era una extraña felicidad acuosa e íntima.
Escucho la danza de los pocos árboles que los humanos han permitido soberbiamente que quedarán en pie.
Ellos intentan contarme con su lenguaje silencioso sus trágicas historias atrapados en una jungla no elegida ni deseada no merecida y angustiante.
Jungla de cemento plena de aire viciado de ruido ensordecedor y puedo leer en sus almas la triste resignación, de un destino no deseado.
Elevo mi mirada a los cielos al mezquino cielo que se me permite ver desde la perspectiva de los grises edificios.
Rezo al viento una plegaria para que no los deje solos. Que día a día ,noche anoche, les alcance sus melodías de vida, el trino de los pájaros ausentes y el titilar de las luciérnagas.
Susurro al pasar verdes hechizos para que regresen las mariposas a inpregnarlos de alegría,de color para continuar,para sobrevivir, extirpando la tortura a la que los hemos condenado.
Sigo caminando pausadamente, a mis espaldas se asoman recelosos los duendes de la misericordia, ellos saben que no soy amenaza pero soy un humano más... y comprendo sus prudencias.
Retomo mi camino sin mirar atrás hasta que se borran mis huellas a la vuelta de la esquina... y una lágrima contenida sale disparada...¡Cuanto dolor...!
¡Qué bellas son las calles cuando están desprovistas de los pasos humanos! ¡Qué oscuras y regocijantes! Adoro caminar cuando las sombras me cobijan.
Es como una regresión al vientre materno cuando todo era una extraña felicidad acuosa e íntima.
Escucho la danza de los pocos árboles que los humanos han permitido soberbiamente que quedarán en pie.
Ellos intentan contarme con su lenguaje silencioso sus trágicas historias atrapados en una jungla no elegida ni deseada no merecida y angustiante.
Jungla de cemento plena de aire viciado de ruido ensordecedor y puedo leer en sus almas la triste resignación, de un destino no deseado.
Elevo mi mirada a los cielos al mezquino cielo que se me permite ver desde la perspectiva de los grises edificios.
Rezo al viento una plegaria para que no los deje solos. Que día a día ,noche anoche, les alcance sus melodías de vida, el trino de los pájaros ausentes y el titilar de las luciérnagas.
Susurro al pasar verdes hechizos para que regresen las mariposas a inpregnarlos de alegría,de color para continuar,para sobrevivir, extirpando la tortura a la que los hemos condenado.
Sigo caminando pausadamente, a mis espaldas se asoman recelosos los duendes de la misericordia, ellos saben que no soy amenaza pero soy un humano más... y comprendo sus prudencias.
Retomo mi camino sin mirar atrás hasta que se borran mis huellas a la vuelta de la esquina... y una lágrima contenida sale disparada...¡Cuanto dolor...!
¡Qué bellas son las calles cuando están desprovistas de los pasos humanos! ¡Qué oscuras y regocijantes! Adoro caminar cuando las sombras me cobijan.
Es como una regresión al vientre materno cuando todo era una extraña felicidad acuosa e íntima.
Escucho la danza de los pocos árboles que los humanos han permitido soberbiamente que quedarán en pie.
Ellos intentan contarme con su lenguaje silencioso sus trágicas historias atrapados en una jungla no elegida ni deseada no merecida y angustiante.
Jungla de cemento plena de aire viciado de ruido ensordecedor y puedo leer en sus almas la triste resignación, de un destino no deseado.
Elevo mi mirada a los cielos al mezquino cielo que se me permite ver desde la perspectiva de los grises edificios.
Rezo al viento una plegaria para que no los deje solos. Que día a día ,noche anoche, les alcance sus melodías de vida, el trino de los pájaros ausentes y el titilar de las luciérnagas.
Susurro al pasar verdes hechizos para que regresen las mariposas a inpregnarlos de alegría,de color para continuar,para sobrevivir, extirpando la tortura a la que los hemos condenado.
Sigo caminando pausadamente, a mis espaldas se asoman recelosos los duendes de la misericordia, ellos saben que no soy amenaza pero soy un humano más... y comprendo sus prudencias.
Retomo mi camino sin mirar atrás hasta que se borran mis huellas a la vuelta de la esquina... y una lágrima contenida sale disparada...¡Cuanto dolor...!
Muchas gracias Josan, lo triste es que forma parte de la realidad de estos maravillosos colososwo verdes que tanto
maltrato reciben de nuestra especie.La misma que presume sorberbiamente de la razon y ni siquiera la merece