Ivonne Estefanía
Poeta fiel al portal
Noches solas contrastaban
con el brillo de la luna.
No había gente que mirara,
no había nada en la penumbra.
Ni siquiera el silencio
se atrevía a molestar
a los ecos de la noche
que empezaban a brotar.
Eran más de mil sollozos
que gritaban por ayuda;
eran lágrimas de sangre
que acababan en la tumba.
Y los ecos de la noche
maldecían la existencia;
y no puedo comprenderlo
¡es muy grande esa presencia!
No importaban ya las cosas,
sólo el ruido que emanaba
comenzando con murmuros
y hasta el éxtasis llegaba.
No hay nadie que los pare;
no hay nadie quien vigile
a los ecos de la noche
que ahora son irresistibles.
Una estrella fugitiva
que brillaba tenuemente
arrojaba sus latidos
muy inalcanzablemente.
Se llenaba de energía,
irradiaba esperanza.
¿Acaso ella es quien podría
devolvernos la templanza?
Y lo oscuro dominaba,
era el reino de la noche;
aunque ahí estaba la luna
no existía algún derroche
de la luz que se esperaba.
Era raro predecirlo;
sin embargo, cuesta tiempo
y la noche no ha dormido.
Las furiosas sombras llegan
como almas enojadas,
guardan cosas en su pecho,
llevan alas arruinadas.
No comprendo su existencia
mas pensaba que querían
a los ecos de la noche
derribar enardecidas.
Y los ecos continuaban
levantando mis deseos,
me abrumaban ya la mente,
me agitaban el cerebro.
Y gritaban con anhelo
pues querían contradecirme:
si evitaba la tristeza,
ahora no podía erguirme.
Tantas luces contemplaba
cuando todo era tranquilo;
tanto ruido se callaba
si pensaba en combatirlo.
¿Alguien puede ayudarme?,
lo pensaba inconsciente;
o me estoy volviendo loca
o sólo sigo impaciente.
Esta noche comenzaba
y terminar no era su meta;
esta noche me arruinaba,
me agredía la existencia,
me llenaba de fulgores,
me encerraba en su destino,
me golpeaba con sus olas
de odio inmenso reprimido.
Ya no puedo escapar,
no es nada fácil intentarlo:
si los ecos lo deciden
nada gano en contrariarlos.
Son los ecos de la noche
los que tienen a mis sueños,
son los ecos de la noche
a los que vencer no puedo.
con el brillo de la luna.
No había gente que mirara,
no había nada en la penumbra.
Ni siquiera el silencio
se atrevía a molestar
a los ecos de la noche
que empezaban a brotar.
Eran más de mil sollozos
que gritaban por ayuda;
eran lágrimas de sangre
que acababan en la tumba.
Y los ecos de la noche
maldecían la existencia;
y no puedo comprenderlo
¡es muy grande esa presencia!
No importaban ya las cosas,
sólo el ruido que emanaba
comenzando con murmuros
y hasta el éxtasis llegaba.
No hay nadie que los pare;
no hay nadie quien vigile
a los ecos de la noche
que ahora son irresistibles.
Una estrella fugitiva
que brillaba tenuemente
arrojaba sus latidos
muy inalcanzablemente.
Se llenaba de energía,
irradiaba esperanza.
¿Acaso ella es quien podría
devolvernos la templanza?
Y lo oscuro dominaba,
era el reino de la noche;
aunque ahí estaba la luna
no existía algún derroche
de la luz que se esperaba.
Era raro predecirlo;
sin embargo, cuesta tiempo
y la noche no ha dormido.
Las furiosas sombras llegan
como almas enojadas,
guardan cosas en su pecho,
llevan alas arruinadas.
No comprendo su existencia
mas pensaba que querían
a los ecos de la noche
derribar enardecidas.
Y los ecos continuaban
levantando mis deseos,
me abrumaban ya la mente,
me agitaban el cerebro.
Y gritaban con anhelo
pues querían contradecirme:
si evitaba la tristeza,
ahora no podía erguirme.
Tantas luces contemplaba
cuando todo era tranquilo;
tanto ruido se callaba
si pensaba en combatirlo.
¿Alguien puede ayudarme?,
lo pensaba inconsciente;
o me estoy volviendo loca
o sólo sigo impaciente.
Esta noche comenzaba
y terminar no era su meta;
esta noche me arruinaba,
me agredía la existencia,
me llenaba de fulgores,
me encerraba en su destino,
me golpeaba con sus olas
de odio inmenso reprimido.
Ya no puedo escapar,
no es nada fácil intentarlo:
si los ecos lo deciden
nada gano en contrariarlos.
Son los ecos de la noche
los que tienen a mis sueños,
son los ecos de la noche
a los que vencer no puedo.
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