Las guirnaldas tostadas en el amplio pecho del cielo puro por un sol abrasador destilan aroma incólume que hace caer en sagrada somnolencia a los divinos Eternales.Estos cierran sus párpados marcados por una línea carmesí y duermen en la santa paz de una gloriosa luminaria que perpetua su llama ancestral;ante la atónita mirada moribunda de una humanidad que sólo sabe postrarse de hinojos cuando el astro rey se esconde tras la sierra perfecta de las lamentaciones.¡Oh!,dichosos y alados seres de áurea plateada,vosotros ostentáis,entre lamentos,el tesoro aún no descuartizado por los fantasmales espectros de la negra noche.Cuando aún la luna negra aúlla de espanto ante el fulgor sagrado del oro reluciente que guarda celoso el baúl secreto de los dioses.Por eso,manteneos castos y puros,para cuando la lluvia de rocío rosáceo caiga sobre vuestras apesadumbradas testas,despertéis de la soñolienta modorra en ciernes eternal.
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