Elik0575
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ciertas hablaban las luces de los faroles
que estaban adornando esta calle de soledad.
Nuca les había notado tan brillantes
ni tan vivas
para dar aviso de una muerte lenta
que ya se esperaba
por todos los habitantes nocturnos del barrio.
Los colgantes en las paredes
eran iluminados por el brillo de los faroles
que atravesaban por la ventana
y también ellos estaban tristes
porque sabían que en el cuarto,
menguante estaba
el alma sin nombre
a quien se le escapaba desesperadamente
la respiración.
Y qué decir de los murciélagos
que ya se habían movilizado con la luna
y se reposaban en el alto techo de madera
burlándose de la muerte.
Por fin murió el loco con su destino
y el brillo de los faroles
se había en la oscuridad disipado
y por eso cuentan los noctámbulos señores
que desde ese día
la noche siempre fue
eterna.