Dormirán en silencio los fiordos
que ayer vieron partir los navíos
a las costas lejanas de siempre.
Solamente el compás de las olas
mecerá los hermosos paisajes
con sus tristes lamentos callados.
Tardarán en volver los guerreros,
y no todos tendrán esa suerte,
porque muchos caerán en la lucha.
Todavía las gentes más viejas
aseguran que un caro banquete
gozarán donde habitan los dioses.
Entre tanto, como es primavera,
las heladas aun pueden, al alba,
sepultar cada brizna de hierba.
Todavía los mares vikingos
mostrarán esa furia altanera
en la espuma arrastrada del viento.
2010 © José Ramón Muñiz Álvarez
que ayer vieron partir los navíos
a las costas lejanas de siempre.
Solamente el compás de las olas
mecerá los hermosos paisajes
con sus tristes lamentos callados.
Tardarán en volver los guerreros,
y no todos tendrán esa suerte,
porque muchos caerán en la lucha.
Todavía las gentes más viejas
aseguran que un caro banquete
gozarán donde habitan los dioses.
Entre tanto, como es primavera,
las heladas aun pueden, al alba,
sepultar cada brizna de hierba.
Todavía los mares vikingos
mostrarán esa furia altanera
en la espuma arrastrada del viento.
2010 © José Ramón Muñiz Álvarez