Herida de hacha
Poeta recién llegado
LOS HIJOS DE NADIE
Despertó jadeante y exaltado, sentía como el sudor frío le recorría la nuca hasta llegar a la espalda, aquellas sombrías remembranzas regresaban más lúcidas y fuertes que nunca, esas pesadillas que había olvidado ahora las recordaba con una realidad casi demente. Entrecerrando los ojos convenciéndose a sí mismo que sólo una pesadilla mas era lo que lo había golpeado esa noche. Aunque aun sentía la presencia de aquel hombre endemoniado y el dolor de un pequeño niño llorando ya que lacerado se encontraba de cuerpo y alma, y el demonio-hombre (pues se perdían los conceptos entre sí frente aquella criatura) portaba un ¿una cinta? Un cinturón ¿de piel? No, dolía más aun, alguna especia de piel plastificada fugaz sentenciaba a la inocencia, corrompiéndola entre latigazo y latigazo, dejando brotar lagrimas rojas, vivas, ardientes.
Abrió los ojos y se encontraba de nuevo en la realidad, a salvo lejos de su creador, sin embargo. . .
Llevó su mano a la espalda y, ahí a lo largo, se encontró con burdas cicatrices, sintiendo éstas una vez más retomo el descanso interrumpido con una lágrima de amargura resbalándole por las mejillas, entre las comisuras de los labios hacia el mentón hasta caer en una suave almohada siendo absorbida por ella y olvidad una vez más.
Despertó jadeante y exaltado, sentía como el sudor frío le recorría la nuca hasta llegar a la espalda, aquellas sombrías remembranzas regresaban más lúcidas y fuertes que nunca, esas pesadillas que había olvidado ahora las recordaba con una realidad casi demente. Entrecerrando los ojos convenciéndose a sí mismo que sólo una pesadilla mas era lo que lo había golpeado esa noche. Aunque aun sentía la presencia de aquel hombre endemoniado y el dolor de un pequeño niño llorando ya que lacerado se encontraba de cuerpo y alma, y el demonio-hombre (pues se perdían los conceptos entre sí frente aquella criatura) portaba un ¿una cinta? Un cinturón ¿de piel? No, dolía más aun, alguna especia de piel plastificada fugaz sentenciaba a la inocencia, corrompiéndola entre latigazo y latigazo, dejando brotar lagrimas rojas, vivas, ardientes.
Abrió los ojos y se encontraba de nuevo en la realidad, a salvo lejos de su creador, sin embargo. . .
Llevó su mano a la espalda y, ahí a lo largo, se encontró con burdas cicatrices, sintiendo éstas una vez más retomo el descanso interrumpido con una lágrima de amargura resbalándole por las mejillas, entre las comisuras de los labios hacia el mentón hasta caer en una suave almohada siendo absorbida por ella y olvidad una vez más.