Los homenajes son en vida

El Poeta del Asfalto

Poeta adicto al portal
Murió la vieja finalmente,
cómo siempre es de esperarse.
Matilde ó,
“La de las plantas”.
La que hace tiempo barría en camisón.
La que discutía a los gritos con los que dejaban al pichicho
usar de baño la vereda.

La fuimos dejando sola.
El viento era el único que se animaba,
últimamente,
a tocarle la puerta.

Y por última vez abrió Matilde
y era La Huesuda quién venía con su guadaña.

Se sentaron.
Tomaron mate con biscochos.
Conversaron largo rato
y se fueron luego juntas.

Había tanto orden en la pieza,
que parecía que nadie viviera allí.
La ropa doblada,
las pocas cosas en su sitio,
como de alguien que se hubiese preparado
largo tiempo para un viaje.

Nadie contestó, al teléfono
de los supuestos parientes en Santa Fé.
Hubo que firmar papeles.
Hubo que cargar la caja,
que pesaba lo que pesa un olvido a sabiendas,
lo que un adiós a destiempo.



Pichicho: Perro
 

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