Los huesos también tienen memoria Poema de la primera sección («El Peso») de mi próximo libro Lágrimas de Plomo.

Esler Jardiel Sobalvarro.

Poeta recién llegado
El llanto brota desde los huesos.


Es temblar desde el tuétano,
en el instante preciso del desgarro.


La desesperación mete sus uñas
en el cuero del cráneo,
hasta que el pensamiento
aprende a sangrar.


Estás roto líquidamente.


Los huesos.
La sangre.
Las ideas.


Todo parece deshacerse
bajo el peso
de un espíritu quebrantado.


Ahí está.


En la esquina.


Temblando.


Como aquello
que la vida contempla con desprecio
porque ignora
que toda ruina
es también el comienzo
de otra arquitectura.


Duele respirar.


Cada aliento
raspa por dentro
como si el aire
hubiera olvidado
el oficio de dar vida.


Entonces,
el destino escribe sobre los huesos
un alfabeto antiguo.


Runas
que nadie ve,
pero que el cuerpo
lee una y otra vez
cada vez que vuelve el dolor.


Hay lágrimas
que no salen por los ojos.


Se hunden.


Descienden hasta la médula
y permanecen allí,
donde el tiempo
deja de contar los días
y empieza a contar
las fracturas.


Por eso
los huesos también tienen memoria.


Porque el hombre
puede olvidar.


El cuerpo,
jamás.
 
El llanto brota desde los huesos.


Es temblar desde el tuétano,
en el instante preciso del desgarro.


La desesperación mete sus uñas
en el cuero del cráneo,
hasta que el pensamiento
aprende a sangrar.


Estás roto líquidamente.


Los huesos.
La sangre.
Las ideas.


Todo parece deshacerse
bajo el peso
de un espíritu quebrantado.


Ahí está.


En la esquina.


Temblando.


Como aquello
que la vida contempla con desprecio
porque ignora
que toda ruina
es también el comienzo
de otra arquitectura.


Duele respirar.


Cada aliento
raspa por dentro
como si el aire
hubiera olvidado
el oficio de dar vida.


Entonces,
el destino escribe sobre los huesos
un alfabeto antiguo.


Runas
que nadie ve,
pero que el cuerpo
lee una y otra vez
cada vez que vuelve el dolor.


Hay lágrimas
que no salen por los ojos.


Se hunden.


Descienden hasta la médula
y permanecen allí,
donde el tiempo
deja de contar los días
y empieza a contar
las fracturas.


Por eso
los huesos también tienen memoria.


Porque el hombre
puede olvidar.


El cuerpo,
jamás.
Un dolor profundo, emanando desde los huesos y afectando la mente, hasta el punto de sentirse roto y quebrantado espiritualmente.

Saludos
 
Esler, leer este fragmento de Una lágrima de plomo permite acercarse a una poética donde el dolor no aparece únicamente como experiencia emocional, sino como una geografía corporal que conserva memoria. El poema construye una relación intensa entre hueso, sangre y pensamiento, convirtiendo la fragilidad humana en un territorio de revelación. Destaca especialmente la imagen de los huesos como archivo silencioso de las heridas, una metáfora poderosa que dialoga con la tradición de la poesía existencial y con la exploración de la identidad a través del cuerpo. La transformación de la ruina en “otra arquitectura” introduce una dimensión de resistencia y renacimiento que equilibra la oscuridad del texto. Me ha despertado mucho interés conocer más de este libro; agradecería poder obtener una copia cuando sea posible y, si hubiera presentación, me encantaría asistir. Te agradecería que me avisaras con tiempo para poder acompañarte en ese momento tan especial.

Abrazos en azul
 

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