Histrión
Poeta recién llegado
Redondas, las canicas se llevan rodando a cuestas la infancia. Montadas en un cochecito rojo de control remoto, las Barbies, con la mano alzada y su mirada plastificada, hacen ademán de despedirse. Se están despidiendo de la inocencia.
El niño que solía contar, atesorar y jugar con sus canicas, está ahora preso. La pequeña, que a las muñecas jugaba, hace tiempo, con una mano alzada, en su propio coche rojo se despidió rumbo a la discoteca. Que volvería a las dos o tres, cuando mucho. "En un rato vengo" -dijo-. No volvió jamás. Ni volverá.
El niño que solía contar, atesorar y jugar con sus canicas, está ahora preso. La pequeña, que a las muñecas jugaba, hace tiempo, con una mano alzada, en su propio coche rojo se despidió rumbo a la discoteca. Que volvería a las dos o tres, cuando mucho. "En un rato vengo" -dijo-. No volvió jamás. Ni volverá.