Les Mystères du Château de Dé
(Según un film de Man Ray)
Rompe el rayo el ojo de la noche
partiendo en dos mitades isócronas
las coordenas del tiempo.
Balanceo sostenido de la cortina rasgada
los monstruos emergen a la luz fría
llevandose las almas de las farolas.
Un castillo nacido de los hombres
sobre otro castillo nacido de las heráldicas aves.
Mutación de las piedras en alas.
Cándidos personajes juegan, dormidos, a dados
y a las palabras.
Se aman, se aman, se aman intensamente
como sólo pueden amarse las estatuas.
Entre cantuesos y espinas
puede ascenderse a una torre desmochada
habitada por recuerdos y por hadas,
aquellas hadas antiguas veladas por sus gasas desvaídas.
En los jardines,
abajo, sobre las aguas,
esperando los cuadrados a ser dados
esperando los parterres ser palabras
los personajes dormidos
tienen sus almas entrelazadas
y vuelan hacia una nueva noche
donde sean las estrellas los pequeños escarpines
de las damas.
Estólidos caballeros tratan de alcanzar
las armas que nunca existieron para reanudar las lides
que alimentarán escudos, noblezas y cementerios.
Continúa la parca su danza.
Ventanas sobre el mar rugiente,
las mesas están preparadas para el nocturno banquete
pero ya ha llegado el alba.
El rayo ha recompuesto con hábiles puntadas
las cortinas rotas del ojo
y el sueño puede ser reanudado sobre las frágiles piedras
esperando una tormenta nueva, con nubes recién lavadas,
que traiga lluvias de pétalos, rayos como amorosas miradas.
El nuevo castillo de los cubos
sobre un castillo soñado por algún poeta loco.
Allí arriba.
La montaña.