Ania Kupuri
Poeta recién llegado
¡Cuánto pesa la ausencia letal de la musa!
Es entonces que la pluma supura
agoniza y muere…
El poeta es roca con sonrisa de cal
al levantar el alba con vestido de flores
y luego
al anochecer de miedo en puñados.
¡El poeta extraviado desfunda el alma¡
No encuentra.
No busca.
Cierra los párpados y deja el ojo
abierto y simple a la realidad ufana.
No llora: Sucumbe rancio.
La vida le traga con rabia…
No llora: Sucumbe a tortura.
Y cae rendido en el brazo del silencio.
Los versos en derrota
saltan como riachuelos de sus venas
abiertas como los crisantemos de sangre.
Viaja el poeta…
La musa le dejo libre a su muerte
al albedrío jamás pedido
a la sinuosa estela que traspasa un andamio
al curso sin rumbo, a la paridad.
¡Al testimonio que ahoga el grito!
¿Cuándo se levantará del dolo?
Sólo la musa descifra los tiempos, pero está muda…
©
Es entonces que la pluma supura
agoniza y muere…
El poeta es roca con sonrisa de cal
al levantar el alba con vestido de flores
y luego
al anochecer de miedo en puñados.
¡El poeta extraviado desfunda el alma¡
No encuentra.
No busca.
Cierra los párpados y deja el ojo
abierto y simple a la realidad ufana.
No llora: Sucumbe rancio.
La vida le traga con rabia…
No llora: Sucumbe a tortura.
Y cae rendido en el brazo del silencio.
Los versos en derrota
saltan como riachuelos de sus venas
abiertas como los crisantemos de sangre.
Viaja el poeta…
La musa le dejo libre a su muerte
al albedrío jamás pedido
a la sinuosa estela que traspasa un andamio
al curso sin rumbo, a la paridad.
¡Al testimonio que ahoga el grito!
¿Cuándo se levantará del dolo?
Sólo la musa descifra los tiempos, pero está muda…
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