Los muertos no resucitan

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Quien te diga que los muertos resucitan
nunca ha muerto,
nunca ha tenido el corazón
latiendo pausado entre las manos.

La muerte es el amor rodando en las escaleras,
dando vueltas entre las sombras
donde nadie nota su presencia.

Habité en el corazón más dulce
y hoy me produjo estragos de amargura,
lo que creí que eran pasión y lujuria
eran las sobras que le quedaban a este perro.

Me estanqué en el invierno
siendo pleno verano,
no supe que cuando daba la mano
me abrazaba el frío y no el amor verdadero.

Hoy soy leña de un árbol
que cayó hace mucho tiempo,
carcomido por el desprecio y el olvido,
había una vez un amor que creí mío...
y aquí se acaba el cuento.
 
Última edición:
Un poema de decepción muy bello querido poeta
 
Quien te diga que los muertos resucitan
nunca ha muerto,
nunca ha tenido el corazón
latiendo pausado entre las manos.

La muerte es el amor rodando en las escaleras,
dando vueltas entre las sombras
donde nadie nota su presencia.

Habité en el corazón más dulce
y hoy me produjo estragos de amargura,
lo que creí que eran pasión y lujuria
eran las sobras que le quedaban a este perro.

Me estanqué en el invierno
siendo pleno verano,
no supe que cuando daba la mano
me abrazaba el frío y no el amor verdadero.

Hoy soy leña de un árbol
que cayó hace mucho tiempo,
carcomido por el desprecio y el olvido,
había una vez un amor que creí mío...
y aquí se acaba el cuento.
Con tintes melancólicos tus versos son bellos y certeros dentro de su inevitable verdad, los muertos no resucitan ni en la vida ni el amor porque vida solo hay una y cuando se ha amado a tope jamás se olvida. Me ha gustado mucho amigo Robsalz. Un abrazo. Paco.
 
Quien te diga que los muertos resucitan
nunca ha muerto,
nunca ha tenido el corazón
latiendo pausado entre las manos.

La muerte es el amor rodando en las escaleras,
dando vueltas entre las sombras
donde nadie nota su presencia.

Habité en el corazón más dulce
y hoy me produjo estragos de amargura,
lo que creí que eran pasión y lujuria
eran las sobras que le quedaban a este perro.

Me estanqué en el invierno
siendo pleno verano,
no supe que cuando daba la mano
me abrazaba el frío y no el amor verdadero.

Hoy soy leña de un árbol
que cayó hace mucho tiempo,
carcomido por el desprecio y el olvido,
había una vez un amor que creí mío...
y aquí se acaba el cuento.
leña de árbol, que aún puede avivar la pasión, grato leerte
 

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