Los nimbostratos son los suspiros
empañados en la ventana.
En la vidriera también vibraban
los ecos eternos de un grito
que nunca cruzó mis montañas.
Desfiladeros mis labios.
Ecos que son olas que desmayan
y detienen ya su caída.
II
Rebosantes, las gotas secas dejan
olor a crismas
de un alma exudada a través de los ojos.
Venas, raíces, gotas! memorias hebran.
Mientras yo,
miro en el catre a mi cuerpo incensado,
frío y, Bohemia.
Hay acordes regados por todas partes,
hay palabras que deambulan y cadenza.
III
Por la mira del caleidoescopio me embriago,
de las memorias, nebulosas ladronas de luz,
me embriago,
vestidas con las plumas del zanate: arco iris en negro.
Y la voz de Lucifer que se entrecorta cuando
los colores de la decepción bailan una danza lenta,
miraré pues sus bellos ojos enternecidos
y le daré motivos para llorar, reir,
y al final en el rostro le escupiré.
IV
Los nimbostratos son:
lirios blancos de un jardín muerto,
campos de una cosecha de helechos
ásperos como la piel del papiloma
de aquello que ahora huele a unción.
Quien planto yo, es mujer teófoba.
Qué recojo yo es un plato de deicidios,
como si fuesen tres pistachos putrefactos,
a mi boca van y entre los dientes harán hogar.
Hay alguien que ha oficiado mi último verso
¿¡Es que acaso la fe no es un misterio!?
V
Los nimbostratos son:
El humo de un cigarro esparcido al frente de tus ojos,
los sueños abrumados y asustados...
y me gustaría pensar
que son la expiación de mis pecados.
Un peaje para comprender
por qué hay senderos
y por qué es valioso el Edén
VI
Los espíritus lloran en las paredes
susurran azules poemas
que nunca pudieron cantar
El cielo entonces
se adentrará en mi habitación
y las nubes cubrirán todo.
Son nimbos de tormenta,
neblinaron el tiempo y el espacio,
y los flashes de las centellas
mostraron hologramas de recuerdos
que despezaban aquellos azules sueños.
Los vecinos pensaban
que era humo de mi pipa,
¡el opio!, pero no, no...
Allá, donde haya un hombre poema,
habrá un nimbostrato.
VII
El ser humano merece admiración
entre la misantropía y el amor fraternal,
aun cuando no haya hecho nada para merecerlo
entre el cielo y el infierno,
el hombre tiene el mérito
de haber soportado por milenios.
Hallarse como un grito
en el cenit del universo,
vacío como agujero negro,
y perdido como un meteorito
a miles de años luz de su brutal destino.
empañados en la ventana.
En la vidriera también vibraban
los ecos eternos de un grito
que nunca cruzó mis montañas.
Desfiladeros mis labios.
Ecos que son olas que desmayan
y detienen ya su caída.
II
Rebosantes, las gotas secas dejan
olor a crismas
de un alma exudada a través de los ojos.
Venas, raíces, gotas! memorias hebran.
Mientras yo,
miro en el catre a mi cuerpo incensado,
frío y, Bohemia.
Hay acordes regados por todas partes,
hay palabras que deambulan y cadenza.
III
Por la mira del caleidoescopio me embriago,
de las memorias, nebulosas ladronas de luz,
me embriago,
vestidas con las plumas del zanate: arco iris en negro.
Y la voz de Lucifer que se entrecorta cuando
los colores de la decepción bailan una danza lenta,
miraré pues sus bellos ojos enternecidos
y le daré motivos para llorar, reir,
y al final en el rostro le escupiré.
IV
Los nimbostratos son:
lirios blancos de un jardín muerto,
campos de una cosecha de helechos
ásperos como la piel del papiloma
de aquello que ahora huele a unción.
Quien planto yo, es mujer teófoba.
Qué recojo yo es un plato de deicidios,
como si fuesen tres pistachos putrefactos,
a mi boca van y entre los dientes harán hogar.
Hay alguien que ha oficiado mi último verso
¿¡Es que acaso la fe no es un misterio!?
V
Los nimbostratos son:
El humo de un cigarro esparcido al frente de tus ojos,
los sueños abrumados y asustados...
y me gustaría pensar
que son la expiación de mis pecados.
Un peaje para comprender
por qué hay senderos
y por qué es valioso el Edén
VI
Los espíritus lloran en las paredes
susurran azules poemas
que nunca pudieron cantar
El cielo entonces
se adentrará en mi habitación
y las nubes cubrirán todo.
Son nimbos de tormenta,
neblinaron el tiempo y el espacio,
y los flashes de las centellas
mostraron hologramas de recuerdos
que despezaban aquellos azules sueños.
Los vecinos pensaban
que era humo de mi pipa,
¡el opio!, pero no, no...
Allá, donde haya un hombre poema,
habrá un nimbostrato.
VII
El ser humano merece admiración
entre la misantropía y el amor fraternal,
aun cuando no haya hecho nada para merecerlo
entre el cielo y el infierno,
el hombre tiene el mérito
de haber soportado por milenios.
Hallarse como un grito
en el cenit del universo,
vacío como agujero negro,
y perdido como un meteorito
a miles de años luz de su brutal destino.