los niños de la perfumería

LuisQuiero

Poeta recién llegado
Los niños del quinto bajan los escalones de dos en dos, chillan como gaviotas que cruzan el puerto, aturden a la abuela; los niños del quinto estudiaban gramática en un libro desencuadernado; en la calle, bajo las luces de un escaparate, junto a los jabones y los perfumes, pasan lo que queda de tarde. La novia de César se arreglaría con una barra de labios, pero sólo si César quiere puede ella pintarse la boca de un fuerte color rojo o granate.
 
Los niños del quinto bajan los escalones de dos en dos, chillan como gaviotas que cruzan el puerto, aturden a la abuela; los niños del quinto estudiaban gramática en un libro desencuadernado; en la calle, bajo las luces de un escaparate, junto a los jabones y los perfumes, pasan lo que queda de tarde. La novia de César se arreglaría con una barra de labios, pero sólo si César quiere puede ella pintarse la boca de un fuerte color rojo o granate.
Un espacio inusual, una mezcla de lo que acontece cotidianamente con lo comercial.

Saludos
 
Los niños del quinto bajan los escalones de dos en dos, chillan como gaviotas que cruzan el puerto, aturden a la abuela; los niños del quinto estudiaban gramática en un libro desencuadernado; en la calle, bajo las luces de un escaparate, junto a los jabones y los perfumes, pasan lo que queda de tarde. La novia de César se arreglaría con una barra de labios, pero sólo si César quiere puede ella pintarse la boca de un fuerte color rojo o granate.
No me suele gustar la microprosa, pero me ha llamado mucho la atención tu escrito. Me ha dado algo de nostalgia, por otro lado. Un placer leerlo.
Un saludo, Samuel.
 

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