Marla
Poeta fiel al portal
Y cuando todas las cosas parecía diluirse en blanquieléctrico espesor:
las calles, la sal, el tiempo, los sueños...
los fantasmas;
cuando los sapos de la ira apenas sobrevivían agonizantes en charquitos
de seudohiel
llegaron ellos: los Grandes, los Number-One,
los flemáticos Nipempos; cuervilíneos de espíritu,
enfundados en grasientas alas, en aflautados acordes
de certeza, de rectitud y rigor
(se sabe que bajo sus guantes blanquieléctricos arde siempre una llama
de ambiciosa y siniestra lealtad).
-Gracias que hemos llegado a tiempo a salvaros- (graznaban
mientras posaban sus patas almibaradas en las más altas ramas
del Deber y el Honor).
- Os regalamos siete- leguas-y-media de austeridad, otras tantas de esfuerzo sin tregua, otras tantas
de paupérrimo caos.
-Gracias que hemos llegado a tiempo a salvaros...-
Sus ojos proyectaban el ámbar de la ambición sobre blanquieléctricas sombras; los azetas de la concordia reventaban al tic-tac de su música.
Mirad, nos sonríen Los Claroscuros, Los Hiératicos, los Cáusticos Nipempos (siempre alerta, siempre con un cetro de nieve bajo sus torvas alas)
Tenemos hambre.
Ahora dadnos de comed vuestro esfuerzo
sin tregua.
Dadnos de beber
vuestra sangre:
los Nipempos
jamás nos saciamos.
las calles, la sal, el tiempo, los sueños...
los fantasmas;
cuando los sapos de la ira apenas sobrevivían agonizantes en charquitos
de seudohiel
llegaron ellos: los Grandes, los Number-One,
los flemáticos Nipempos; cuervilíneos de espíritu,
enfundados en grasientas alas, en aflautados acordes
de certeza, de rectitud y rigor
(se sabe que bajo sus guantes blanquieléctricos arde siempre una llama
de ambiciosa y siniestra lealtad).
-Gracias que hemos llegado a tiempo a salvaros- (graznaban
mientras posaban sus patas almibaradas en las más altas ramas
del Deber y el Honor).
- Os regalamos siete- leguas-y-media de austeridad, otras tantas de esfuerzo sin tregua, otras tantas
de paupérrimo caos.
-Gracias que hemos llegado a tiempo a salvaros...-
Sus ojos proyectaban el ámbar de la ambición sobre blanquieléctricas sombras; los azetas de la concordia reventaban al tic-tac de su música.
Mirad, nos sonríen Los Claroscuros, Los Hiératicos, los Cáusticos Nipempos (siempre alerta, siempre con un cetro de nieve bajo sus torvas alas)
Tenemos hambre.
Ahora dadnos de comed vuestro esfuerzo
sin tregua.
Dadnos de beber
vuestra sangre:
los Nipempos
jamás nos saciamos.