Soslayada la duda por el encanto
Atreviòse su mano a tocar la suya
El relámpago de nervios cruzó la luna
Yaciendo en su gesto la noche fría,
en sus dedos tibios sintió la espuma.
Un eterno instante rondó ese silencio
Y las manos se hacían promesas de besos,
En ambos el pecho rugía de contento
Diciendo en latidos; ¡te tengo! ¡Te tengo!
Soslayada la duda por el embeleso
Atreviòse a su pelo llegar en silencio
Eran rayos de luna su cabello negro
Y lagos inmensos sus ojos tiernos.
La miel oleaba en sus labios suaves
Almíbar de cerezas, higos y fresas
Carmín encendido en enjambre de abejas,
Rosados pistilos de concupiscencia.
Soslayada la duda, le dijo te quiero
Robar cada beso hasta la eternidad,
Y arrancar de cuajo cada pensamiento
De negarme uno, ¡uno nada más!
Y aquellos que diste en labios ajenos,
Ella le afirma no hay necesidad
No fueron besos, sino desaciertos
Errores forjados en la soledad,
En cambio los tuyos, un manjar eterno,
Que tan solo dioses
Pudieran probar.
Floreció el amor Entre ella y tù
Ahora en su pecho no cabe la luz
Por eso te llevas por la inmensidad
Lo que nadie nunca te podrá quitar.