Unos ojos azules transparentaban la oscuridad. La mirada oblicua y oscilante. Una puerta a medio cerrar: ¿Alguien pudo haber salido o entrado? Los ojos azules eran los únicos testigos. A estas horas nadie podía estar en la casa. Era la hora del trabajo. Un extraño revolver estaba en medio de la sala. El silencio era único y inquebrantable en la casa. Sólo se escuchó un portazo. O el viento lo cerró o alguien lo debió cerrar. ¡Auxilio! se escuchó una voz ahogada en el dolor. El arma desapareció de la sala. El de los ojos azules miró con cautela hacía la sala. Yacía sobre él un hombre ensangrentado. ¿Qué pasó?¿Por qué no está el revolver? Y el disparo ¿Acaso se oyó? ¿Quién era ese extraño hombre de ojos azules que lo habría visto todo? El hombre murió desangrado. Y el de los ojos azules no se supo nada.