Aurisolado
Poeta recién llegado
Un árbol que sufre en fuego de lenguas rosas,
Y rompe todas las venas de la perla de su mundo,
¡Detonándose en la furia de emociones tormentosas,
Son los ojos de la bestia que hoy me miran sin murmullo!
Y sujetan a mis labios, dulce tallo de claveles,
Que desgarro sin dolores es un grito enardecido,
Permitiendo que el mar rojo de sus ojos, cual cinceles,
¡Me destrozasen los dientes que no merecen castigo!
¡Y llenó la copa fresca de mi vientre sin aroma,
De un desborde de locura que acrisola mis sentidos,
Y vomito por los ojos esas lágrimas que añora,
Al adentrarse en mi cuerpo de una forma sin sentido!
Lloré a su firme sombra que siempre imita sin gesto,
Y observé en su frío tacto, con mis manos en la tierra,
Que en el rojo de sus ojos tiene el calor que deseo,
Uno cálido y valiente que mis lágrimas entierran,
Donde nacen todas flores donde el rojo, es un cerezo,
Que espera con impaciencia, a que sus ojos se den cuenta
Y rompe todas las venas de la perla de su mundo,
¡Detonándose en la furia de emociones tormentosas,
Son los ojos de la bestia que hoy me miran sin murmullo!
Y sujetan a mis labios, dulce tallo de claveles,
Que desgarro sin dolores es un grito enardecido,
Permitiendo que el mar rojo de sus ojos, cual cinceles,
¡Me destrozasen los dientes que no merecen castigo!
¡Y llenó la copa fresca de mi vientre sin aroma,
De un desborde de locura que acrisola mis sentidos,
Y vomito por los ojos esas lágrimas que añora,
Al adentrarse en mi cuerpo de una forma sin sentido!
Lloré a su firme sombra que siempre imita sin gesto,
Y observé en su frío tacto, con mis manos en la tierra,
Que en el rojo de sus ojos tiene el calor que deseo,
Uno cálido y valiente que mis lágrimas entierran,
Donde nacen todas flores donde el rojo, es un cerezo,
Que espera con impaciencia, a que sus ojos se den cuenta